Se escribió con Agua de Mar.

AD 3/2018

-Prólogo-

Estimados lectores, permitid que os de la bienvenida a la sección de Derecho Marítimo. Esta no es una sección como las demás. No porque sea una rama del derecho especialmente endiablada, que lo es. Ni porque sea un mundo terriblemente hermético, que también. Aun que también es mucho más divertido. Pero no, esta no es una sección como las demás dado que, así como en las demás ramas se presume que tenéis buenos conocimientos de la materia, en Derecho Marítimo presumimos absolutamente lo contrario, pues la inmensa mayoría de estudiantes de derecho y de abogados no conocen prácticamente nada de este campo, no digamos ya el resto de los mortales…

Así pues, y con la excusa de quines controlen más del tema, me permitiré el lujo de comenzar esta serie de artículos empezando por lo más básico, el origen. La historia. Iréis comprendiendo, ya os lo digo ahora, que es imposible desvincular el Derecho Marítimo de la historia. Van de la mano, eternamente unidos, pues la historia de nuestra civilización se escribió y se escribirá siempre con agua de mar.

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Finales de Septiembre del 782 AC, el sol de un atardecer de verano juega a arrojar juguetones rayos sobre las aguas tranquilas de un meandro del Nilo. Un rebaño de Watusis refresca sus gargantas irritadas en uno de los canales que se abren a cada lado del gran cauce. A lo lejos, remontando la corriente principal del río, una extraña embarcación con el mascarón en forma de cabeza equina, saca los remos para ganar velocidad. Se trata sin duda de un Hippoi fenicio y ha venido a comerciar.

Ya desde la más tierna infancia de la navegación hay Derecho Marítimo. Dado que ningún país tiene jurisdicción sobre los mares ( verdad a medias hoy en día ), las civilizaciones se han visto obligadas a tener normas conjuntas para todos aquellos que surcaban las grandes masas de agua. Inicialmente ríos, posteriormente, con la mejora de los sistemas de navegación, mares.

Desconocemos que leyes regían los transportes de mercaderías en esos tiempos, seguramente fueran costumbres locales recopiladas en la memoria de los empresarios y aceptadas más o menos por todos los comerciantes de una región determinada. Donde los expertos en la materia si que coinciden al 100% es en el hecho de que el Derecho Marítimo tiene un origen consuetudinario, la que podríamos afirmar que es la primera ley escrita, el código de Hammurabi (Babilonia 2000 AC), contiene ya rudimentarios preceptos acerca de los fletes o la responsabilidad del transportista. Juntamente con el Manu Smriti o Código de Manu (India 200 AC -100 DC), donde aparecen también preceptos relacionados con la navegación marítima, serían dos de las primeras leyes que recogen ya ese derecho marítimo consuetudinario.

No obstante, estas aglomeraciones de leyes recopiladas distaban mucho de ser completas. El hecho de que no provinieran de un órgano legislativo les restaba eficacia y homogeneidad.

Por lo que sabemos la situación de la navegación en la edad antigua se mantuvo más o menos estable hasta que, con el auge del Imperio Romano, la navegación empezó a crecer a un ritmo inimaginable. La armada imperial romana era una potencia como nunca se había visto ninguna en todo el mediterráneo, salvo la griega tal vez. Había verdaderas líneas de suministro marítimo por primera vez en la historia. Desde oriente próximo llegaban productos venidos por la ruta de la seda a diario y eran transportados por medio de trirremes fuertemente armados hasta los puertos de Ostia Antica y Miseno. El comercio se disparó, las importaciones y exportaciones realizadas por vía marítima enriquecieron las ciudades costeras y transformaron a los países en potencias. Se diseñaron más de 60 clases de ánfora para transportar prácticamente cualquier cosa en cualquier tipo de embarcación. Las flotas de las distintas naciones podían sumar hasta 450 naves cada una. Se calcula que solo en las guerras púnicas más de 650 embarcaciones nuevas fueron construidas. Con el crecimiento marítimo crecieron también otras cosas: Aumento de la piratería, aumento de los hundimientos, aumento de los astilleros, aumento de los fletadores, propietarios, …

Se necesitaba un regulación nueva. Fue aquí, en este punto de inflexión, cuando podemos empezar a hablar propiamente de derecho marítimo. Así pues, especialmente durante el imperio, el senado y el emperador llevaron a cabo la redacción de verdaderas leyes marítimas. Leyes que ya no solo bebían de la costumbre, sino que se nutrían también de la necesidad de establecer límites, de programar el sistema de navegación para que se fomentaran determinadas costumbres y se evitaran otras. Este tempano derecho lo encontramos recopilado en los Códigos de Justiniano y de Teodosiano, entre algunos otros de menor relevancia.

Siendo así, el derecho marítimo aparece ya no solo como regulador de la navegación, sino que se revela como algo más. Es un potenciador. Un catalizador para el mundo marítimo, el cual es impulsado por parte del estado en base a una ley que lo guía. Es curioso encontrar una ley que fomente el desarrollo a una edad tan temprana, puesto que la mayoría de ejemplos de esta clase de leyes los encontramos en el siglo XX y XXI. Tal es la importancia de esta rama del derecho.

Siguiendo con la historia, todos sabemos lo que sucedió con el imperio romano y lo que vino después. Decadencia, pobreza, emigración a las zonas rurales, fragmentación del poder, debilitamiento de la ley.

Pero eso viene siendo una verdad a medias. En el mediterráneo oriental el comercio marítimo siguió su meteórica trayectoria. Costantinopolis pasó a ser sin lugar a dudas la ciudad más poderosa y refinada del mundo conocido y eso fue, no cabe la menor duda, gracias a que se encontraba entre dos mares. Recibía riquezas del Mar Negro y de todo el Mediterráneo. Sabemos que legislaron sus propias leyes marítimas, más adaptadas a la realidad de su tráfico naval puesto que en un trabajo publicado por el emperador León “El Sabio” llamado “Las Basílicas”, se reunieron en un solo libro todas las reglas del Derecho Marítimo Bizantino existentes hasta el siglo X. Dato interesante es el peaje que se hacía pagar a las embarcaciones por cruzar el paso de los Dardanelos, al igual que hicieron en su momento los habitantes de la anciana Troya.

Es en este momento, precisamente, al borde del cambio de etapa histórica, cuando se empieza a perfilar una corriente de pensamiento que definirá el derecho marítimo hasta nuestros días…

Nicolau Vidal Cubi.

Atte. El equipo de A definitivas.

Palma, 21 de febrero de 2018

Un comentario en “Se escribió con Agua de Mar.”

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