¡Ya hace más de 7 años que empecé Derecho!

AD 51/2018

ABSTRACT: En el presente artículo se narra la experiencia universitaria del autor y los entresijos del cúmulo de decisiones que le han llevado a ejercer una rama muy poco conocida de la Abogacía.

KEY WORDS:

  • Derecho
  • Facultad
  • Estudios
  • Universidad
  • Marítimo
  • Profesorado
  • Decisiones
  • Administrarivo
  • Laboral
  • Civil
  • Mercantil

Estimados amigos, el presente artículo no es propiamente jurídico. No, desde el equipo de “A definitivas” decidimos, hace unos meses, que en agosto sería buena idea publicar una serie de artículos sobre nuestra experiencia como jóvenes juristas. Desde la universidad pasando por el máster o los másters, las prácticas y el proceso de inserción laboral.

Esta es mi historia como estudiante de ciencias jurídicas.

Recuerdo a la perfección la primera clase de la carrera de Derecho. El sol penetraba oblicuamente a través de las ventanas del aula de mi universidad. Brillaba bajo, como suele suceder durante los últimos días de septiembre y los primeros de octubre. Nociones Básicas de Derecho, esta era la asignatura. Más de 60 personas estábamos reunidas en esa sala. Había dos profesores, Federico y Silvia. Los recuerdo con cariño, aun que solo me diesen esa asignatura y otra más en cuarto, siempre nos encontrábamos por los pasillos y nos saludábamos a lo largo de todo el Grado.

Federico nos pidió que identificáramos todas las situaciones jurídicas que había en un caso práctico que nos pasó. Era algo sobre un accidente de coche y claro, yo no tenía la más mínima idea de nada. Recuerdo que me puse bastante nervioso, no sabía ni lo que era una situación jurídica. Ja! Ja! Ja! El caso es que me las apañé para seleccionar un par: El accidente, la compraventa del vehículo, las indemnizaciones… Y se ve que era eso. Que no lo había hecho tan mal, aun que me había dejado tropecientas sin ver, como la mayoría de los asistentes.

Pero era natural. ¡No éramos los juristas de reconocido prestigio que somos ahora! Solo una tropa de jóvenes revolucionados. Toda esa gente junta, las emociones, las experiencias, las nuevas amistades, algunas efímeras como el vuelo de una hoja, otras que creo que van a durar hasta el final de mis días. No, definitivamente no estábamos muy centrados en las clases, al menos mis nuevos amigos y yo.

Pero fue un comienzo. La realidad es que primero de carrera me pareció un curso muy general y no muy exigente. A mi me gusta mucho planificar mi futuro y para ese entonces había decidido que quería ser juez algún día. Hacia finales del primer año, en la asignatura de Derecho Internacional Público, se nos presentó un caso práctico sobre la pesca del Halibut Negro en las costas canadienses. Un supuesto de conflicto “fronterizo” de Derecho del Mar. Algo me llamó la atención: Lo especializado del caso. Se hizo incluso un estudio sobre si los Halibuts pescados estaban sobre el lecho de la plataforma continental de Canadá o si, por lo contrario, nadaban en aguas intermedias. No era baladí, en un caso su pesca era ilegal, en el otro no. No recuerdo la respuesta al caso, me quedé con lo fascinante de la pregunta. Pero seguí con mi idea de ser juez, a la espera de lo que me deparara la carrera.

Iban pasando los meses y llegó segundo. Empezaron a aparecer materias más específicas: Persona y Familia, Penal, Administrativo, Laboral. En ese momento, ahondando más en la materia, me di cuenta de algo: ODIABA el derecho común. No lo soportaba. Lo detestaba. Persona y Familia: Drama. Penal: Drama. Laboral: Drama. Administrativo: Doble drama, el del administrado y el mío por tenerlo que estudiar. Era una visión muy poco refinada e inmadura, pero decidí que, mientras pensaba en lo que de verdad quería hacer en el futuro (había otras opciones que no eran la carrera sobre la mesa), me centraría en ir aprobando y estudiando cosas sobre ese derecho del mar que tanto me gustó en primero. Pero algo tenía muy claro, ya no quería ser juez.

Durante tercero y cuarto fui cogiéndole mucho el gusto al derecho del mar y al comercio internacional. Inevitablemente, eso me llevó al estudio del derecho marítimo como tal. Ya os conté la eterna diferenciación en el primer artículo de todos. Hice las paces con algunas materias. Laboral me gusta en la actualidad, e incluso se bastante de Administrativo pues, paradojicamente, estuve un año de prácticas en un bufete que se dedicaba solo a eso y me sorprendió muy gratamente.

Y así, entre Halibuts Negros, peleas a ultranza con el Administrativo y muchas Biofiestas, me gradué en Derecho. Por supuesto, ya había preparado los papeles para acceder al obligado Máster en Abogacía que ofertaba la propia universidad en el Ilustre Colegio de Abogados de mi ciudad. Una oportunidad para refinar más mis conocimientos y quizá estudiar de forma oficial algo relacionado con Derecho Marítimo pensé. Pensé…

Ese curso académico fue para mi el peor de todos con diferencia. No a nivel de exigencia de las asignaturas, nada puede ser más difícil que Derechos Reales en esta vida (mi amigo Paco y yo a las 5 de la mañana en la biblioteca de Sa Riera puestos hasta las cejas de Monster Ripper con Maracuyá), sino a nivel de sobreposición al hastío. Me explicaré: La mayoría de mis compañeros de clase sabían que querían dedicarse a una u otra materia más o menos común en derecho: Penal, Civil, Mercantil, Administrativo o Laboral. Y eso era, ni más ni menos, lo que se enseñaba en ese máster. Materias de las que yo tenía la esperanza de huir a la mínima que pudiera. Ya no era ese asco de principios de carrera, había madurado, pero las encontraba y las sigo encontrando, en parte, poco estimulantes.

Sea como fuere, me las tuve que comer con patatas. Había muy buenos profesores y tuve un excelente tutor de uno de los trabajos de final de máster, de Derecho Administrativo. No obstante lo anterior, el sistema de evaluación era, para mí, algo muy cercano a lo nefasto. Tipo test. Recuerdo una pregunta de un examen de Laboral. ¿El derecho a no sé qué se encuentra recogido en el artículo 40.1, 40.2, 40.3 o 40.4? ¡Diablos! ¿Realmente importa? Quiero decir, cuando trabaje voy a tener todos los códigos a un solo clic. En fin…

A la vez, cursaba las prácticas obligatorias del máster en un buen bufete, como ya os he comentado antes. Esa fue sin duda una experiencia muy enriquecedora, aun que me temo que para ellos fui más un lastre que una ayuda, nunca dejaron de darme trabajos para ir haciendo. Es importante, siempre lo defenderé, que a uno le den la oportunidad de aprender. La posibilidad de enfrentarse cara a cara y solo con un problema jurídico real es sin duda la mejor forma de interiorizar conocimientos.

Así que despacho por la mañana y máster por la tarde. Eso es una verdad a medias, la mayoría de los días salía de trabajar y me iba a subir montañas por Tramuntana, aun que este será nuestro secreto, ¿Si?. Sobreviví jurándome que el año siguiente haría un máster en Marítimo. Y lo hice, aprobé y con buena nota. Un notable no está mal cuando tienes un 20% de asistencia. Jejeje. El siguiente año me apunté a ese máster en Derecho Marítimo, no sin pasar antes por el yugo del examen estatal de acceso a la abogacía. Otra barrera. Otra dosis de algo que me desinteresaba. Pero había que seguir bogando, que no remando.

El caso es que al final salí de la tormenta y pude cursar el que sin duda ha sido el ciclo formativo más interesante e ilusionante de toda mi vida. He recuperado el amor por el Derecho de la mano de la mar.

Por eso os aconsejo, queridos lectores y queridas lectoras que estáis ahora en la carrera o en el máster de abogacía, SEGUID ADELANTE. Averiguad que rama del derecho os apasiona, no que os guste, que os apasione, y fijad el rumbo más directo posible para poder acceder a ella, incluso si es Administrativo. Hay tantas cosas que no nos contaron en el grado, tantas ramas del ordenamiento jurídico por explorar que las opciones son casi ilimitadas. Podéis ser lo que queráis. Derecho es una carrera maravillosa ya no solo por la materia (¡gloria a las servidumbres de paso!), sino por la inmensa cantidad de puertas que os abre.

Ya hace más de 7 años que empecé la carrera. Las decisiones que tomamos influyen en nuestra navegación a lo largo de la vida. Extrañaréis el sol oblicuo sobre las clases en octubre, la cristalera con goteras del patio interior de Edifico Jovellanos (presupongo que algún lector de la UIB habrá por aquí), las largas noches de biblioteca y flexo, las celebraciones de final de curso, de final de semestre, de final de exámenes, de cada fin de semana. Las amistades, las pasiones, las tonterías de cada día. Disfrutadlo. Recordadlo. Escoged.

Yo elegí ser maritimista, nada más. El día en que ya no hagan falta los abogados maritimistas (espero que sea nunca) dejaré el derecho y me dedicaré a ser guía de alta montaña. Aunque, en confidencia, os diré que a veces también echo de menos las clases de Federico y Silvia, las de Anselmo, las de Margalida, Liliana, Belén, Rosa, Francisco… esas clases donde unos juristas excelentes transmitían sus conocimientos a una nueva generación. Conocimientos que, siendo justo, me han servido y me servirán mucho a la hora de ejercer mi profesión. Hay cosas útiles que son universales, aun que se camuflen debajo de una lección de Derecho Administrativo. Es por ello que les estoy tan agradecido, por haberme enseñado tanto, al fin y al cabo, compartimos derecho.

Atte. Nicolau Vidal Cubi, del equipo de “A definitivas”.

Palma, 2 de agosto de 2018

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