Reflexiones sobre innovación y tecnología para abogados jóvenes, a cargo de Bárbara Román Méndez

AD 61/2018

ABSTRACT:

En el presente artículo se plantean y responden dos cuestiones relacionadas con la innovación y la tecnología para jóvenes abogados. Concretamente se reflexiona sobre si la tecnología es importante para el desempeño o el ejercicio de la abogacía y la relación, casi obligatoria, que existe entre innovación y tecnología.

PALABRAS CLAVE:

  • Legaltech
  • Legal Innovation.
  • Derecho y nuevas tecnologías.

Desde la tribuna que me ofrece el colectivo de “A definitivas”, previos los agradecimientos de rigor por la oportunidad de compartir con ellos estas palabras, aprovecho para reflexionar en voz alta sobre dos cuestiones que a mi entender se perfilan como fundametales para la supervivencia futura del sector jurídico: la tecnología y la innovación.

No podemos negar que algo se mueve cuando en los colegios de abogados se crean comisiones de tecnología o innovación, desde el propio Consejo General se plantean jornadas de formación y reflexiones en este sentido y parece que si no tienes página web o estás en internet estás muerto en el mundo del marketing, por no hablar de los eventos legaltech, multiplicados en los últimos años por el panorama nacional, o de las startups que en este nicho van apareciendo como champiñones. Ya era hora de reivindicar la profesión y traerla al siglo XXI, pero como dijo Jack el Destripador, vayamos por partes para que nadie se pierda.

Como primera cuestión cabría plantearse si la tecnología es importante para el desempeño o el ejercicio de la abogacía, viendo como cada día más y más profesionales aceptan que ciertas herramientas tecnológicas los ayudan en su día a día. La respuesta fácil sería que no, no es un elemento tan importante cuando muchísimos abogados no la usan y continúan trabajando. Para mí, la tecnología se encuentra al nivel de una agenda, de un móvil, de un bolígrafo: no resulta imprescindible pero si la tienes, seguro que la usas. No es más que una herramienta que te hace la vida fácil, ahorra tiempo, mejora la productividad y un largo listado de beneficios, pero que si eres de los que memoriza fechas y plazos, robas los bolígrafos de los bancos o llamas desde un fijo y te funciona, adelante.

Desde que inventamos el fuego siempre ha existido tecnología, solo que ahora se mide en bytes y los cacharros son más bonitos. Y desde siempre, ha existido un cierto temor a los cambios que los avances tecnológicos conllevan, hasta que se asientan en el imaginario colectivo como “amistosos”. A los programas de gestión de despachos solo les ha llevado 20 años ser percibidos como herramientas efectivas por parte de los abogados, por ejemplo, y seguro que todo se puede mejorar. No hay que temer por tanto que las máquinas ayuden a los abogados a hacer mejor su trabajo pero si el colectivo no lo percibe de esa forma, tampoco explota nada. Por ahora.

Existe otra circunstancia a tener en cuenta en esta aproximación de la abogacía a las cuestiones tech, y es que al final tú, como abogada, trabajas para tus clientes, y a ellos les importa un rábano si usas el excel para hacer las cuentas, las llevas a mano en un cuaderno o te has descargado una app que te ayuda a hacer la factura. Le llega, la teme, la paga, te la regatea… nada de eso cambiará por muchas aplicaciones que tengas en el teléfono. Las relaciones humanas no cambian, lo único que podemos hacer es aprovechar las ventajas que la tecnología nos ofrece para cambiar nosotros, como profesionales, y ofrecer un mejor servicio a un cliente que ahora no percibe esa mejora, pero que en 10-15 años sí lo hará. La conclusión a la que he llegado dándole vueltas a estos puntos e intentando unirlos, es que los profesionales que ahora se inician en la abogacía, y aquellos que quieran sobrevivir en un futuro robotizado, mecanizado y automatizado, se vayan acercando poco a poco a las tecnologías modernas para adaptarse a un entorno donde el cliente te va a seguir discutiendo la factura, pero consigas que el pago sea automático e independiente de sus protestas. Hay que ser capaces de trabajar en el negocio actual mientras pensamos y preparamos el negocio del futuro.

Como segunda cuestión que me gustaría abordar, está la (maldita) relación que se ha establecido entre innovación y tecnología. Parece que si no usas el último programa de facturación de moda, que introduce estadísticas y variables revestidas de blockchain, y ya se encarga de aconsejarte las mejores inversiones en criptogatitos, no innovas, cuando lo cierto es que tu asesor fiscal humano hace un trabajo estupendo y te facilita los trimestres a base de experiencia y conocimiento. No vincules el concepto de innovación al de tecnología, porque quizá sean primos que se sientan en la misma mesa en los eventos familiares pero desde luego hermanos no son. Innovar, para mi, es pensar. No tiene más truco. Pensar de forma distinta, coger algo que funciona y buscar la forma de mejorarlo. O buscar un problema recurrente y pensar una nueva solución. En un mundo 4.0 no hay que esforzarse mucho en inventar, porque ya está casi todo inventado, pero si tienes una cierta experiencia de vida y eres capaz de parar un par de horas para pensar, no lo dudes: serás capaz de innovar. Algo tan sencillo como sentirse desbordado en el trabajo por el correo electrónico, cuando tu trabajo no es contestar correos electrónicos. ¿Has probado a abrirlo dos veces al día, y contestarlos todo en menos de cinco líneas, después de haber hecho tu trabajo de verdad? La comunicación con los clientes nos desborda, porque son personas preocupadas con sus problemas y trasladan a los abogados esas preocupaciones. ¿Has probado a acordar con tu cliente alguna forma no invasiva de comunicación, o a establecer unas sencillas reglas para hablar entre vosotros? No te centres en la idea o en el problema, mejor por el foco en el desafío que supone hacer las cosas de forma distinta.

Si me preguntas, para mí las claves para la innovación en el sector legal vienen de la mano de conocer bien tu negocio, conocerse bien a uno mismo y atreverse a hacer cosas distintas. Aunque la estrategia como empresas (sí, los abogados somos pequeñas empresas) no es algo innovador, la innovación sí es un proceso estratégico de nuestros negocios y hay que considerarla como tal. Si no tienes claro por donde empezar, haz lo que haces siempre que quieres inspirarte para los recursos: mira en Google. Busca fórmulas sencillas que no supongan dinero, como pensar, abrir nuevas relaciones estratégicas con otros profesionales, asistir a charlas o eventos, leer el blog del Consejo General sobre innovación, y sobre todo no tengas miedo a equivocarte. Equivocarse es bueno, te ayuda a saber lo que no funciona en tu negocio. Quizá la innovación que buscas pase por adquirir o desarrollar tecnología, quizá por leerte los diez primeros artículos que encuentres en Google, quizá por reflexionar esta tarde dos horas mientras te invitas a un café por una semana de trabajo duro y piensas en qué quieres ofrecer como profesional. Cada uno debe mirar de puertas hacia dentro en su despacho y pensando mucho en qué camino quiere seguir, decidir su destino.

Santiago de Compostela, jueves 6 de septiembre de 2018.

 



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Bárbara Román Méndez

CEO de NoLegalTech

www.nolegaltech.com

Twitter: @abogadopenal

 

 



 

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