Cancelando el Balance. Todo lo que debes saber sobre finanzas personales. A cargo de Diego Costa García. Parte 5

 

AD 75/2018

4.    Nuestros recursos: el activo.

4.1.  Escoger la clase de activo.

 

Una vez tenemos claro los activos de que disponemos, nuestras preferencias de consumo y su certeza y, por tanto, los traslados de consumo que debemos hacer; es el momento de determinar los vehículos de inversión con los que vamos a trasladar ese consumo.

Veamos, ¿qué opciones tenemos? Pues tenemos principalmente depósitos, engendros bancarios, oro, materias primas, renta fija, inmuebles y empresas. El oro y las materias primas son bienes presentes no van a darte rentabilidad, pero pueden mantener tu poder adquisitivo. El resto son instrumentos de pasivo de otros agentes, es decir, derechos de propiedad (entendidos ampliamente) sobre bienes futuros (más o menos futuros y más o menos arriesgados).

Y de qué depende que elijamos uno u otro. Pues precisamente de a cuándo y con qué certeza vaya destinado ese ahorro.

Los depósitos por ejemplo tienen una rentabilidad real negativa, en treinta años tu poder adquisitivo se habrá reducido (con suerte) a la mitad. Son muy buenos sin embargo para mantener el valor a corto plazo ya que no sufren variaciones fuertes. Aquí solo debes dejar el ahorro destinado a consumo (o inversión) en el muy corto plazo. Un año de gastos o dos a lo sumo.

Depósitos a plazo y otros engendros, nada que aportar. Pero ojito con comprar pasivos bancarios. Por cierto, los depósitos también son pasivos bancarios y los euros pasivos del banco central.

Oro. El buen dinero. Mantiene el poder adquisitivo a costa de 0 rentabilidad.

Materias primas. Puede servir para especular (comprar en abundancia y vender en escasez) pero su rentabilidad media tiende también a 0.

Inmuebles. Su rentabilidad debería ser aproximadamente la misma que la bolsa: es un bien de capital que produce rentas (servicios de habitación) a largo plazo. No obstante, no es lo que ha ocurrido. Me suena un 4% de rentabilidad (vs 6.7% de la bolsa). Algunas explicaciones a este fenómeno pueden ser: activo más líquido, mercado muy regulado, países de tradición inflacionista ahorran en ladrillo… Aun así, puede ser interesante en algunos casos. Aunque tiene la pega de que no podemos diversificar (comprar un poquito de muchas casas). Esta pega se verá en parte compensada por un mayor conocimiento del activo en cuestión. Volveremos a ello más abajo.

Renta fija y renta variable. Esto son empresas. ¿Cuál es la diferencia entre ambas?

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Figura 11 (elaboración propia)

Una empresa tiene unos activos productivos (bienes de capital) que generan un flujo de bienes a lo largo del tiempo. Estos bienes a lo largo del tiempo se pueden repartir de distintas maneras (con reglas temporales, de riesgo, condicionadas a eventos, límites máximos o mínimos, garantías…) entre los propietarios que están en el lado del pasivo.

Por ejemplo, podríamos crear inicialmente una empresa entre 10 accionistas. A cada accionista nos correspondería una décima parte de las rentas futuras de la empresa. Todos tendríamos un título de renta variable. Pongamos ahora que uno de los accionistas prefiere tener un flujo estable de renta en lugar de someterse a los vaivenes de producción. El resto de accionistas podrían acordar con él entregarle una cantidad fija cada periodo en lugar de 1 décima parte. A cambio claro, perderá rentabilidad. Este accionista dejaremos de llamarlo así y lo llamaremos acreedor. Será poseedor de un título de renta fija (deuda).

Hay que tener cuidado con la renta fija pues a la postre, aunque exhiba cierta rentabilidad, también recogerá la rentabilidad de la unidad de cuenta en la que esté denominada (normalmente euros) que como hemos comentado, a largo plazo es negativa. Aun así, puede ser un activo adecuado para mantener el valor estable en periodos cortos (1-5 años). Su rentabilidad anualizada en los últimos doscientos años ha sido en torno al 3.5%.

La renta variable es sin duda el activo estrella al que nos debemos enfocar. Es el que nos va a permitir sacar todo el partido a nuestro ahorro, y tiene lógica, estamos convirtiéndonos en verdaderos propietarios de redes, de bienes capital, de beneficios futuros. Pero ojo, solo podemos escogerlo si nuestro horizonte temporal es amplio (más de 10 años) y más bien flexible.

Tendremos que aceptar, además, minusvalías temporales en el valor de nuestros activos en bolsa. Si estamos invertidos un largo periodo, nos va a tocar sí o sí vivir un año de caídas del 30-50%.

Bueno, hasta aquí hemos comentado todos los activos importantes y analizado qué función cumple cada uno en nuestra cartera. Pero como puedes intuir, no se trata de elegir uno, sino de tener un mix en al activo según como tengamos la parte del pasivo. Se trata de machear nuestro pasivo.

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Figura 12 (elaboración propia)

Algo así podría quedarnos. Claro que ya dependerá mucho de cuál es el pasivo de cada uno. Si se nos casa una hija próximamente tendremos que ir pasando de renta variable a renta fija, y a medida que se acerque la fecha, de renta fija a depósitos.

Dos errores posibles que se pueden cometer:

  • Invertir ahorro a largo en un activo a corto plazo.
  • Invertir ahorro a corto en un activo a largo plazo.

El primero de ellos consiste en invertir en peces para consumirlos dentro de un año: se van a pudrir. En el mundo real, invertir en depósitos ahorro de la jubilación: los depósitos cada vez valen menos. No solo es un desaprovechamiento de rentabilidad, sino que, además, vas incluso perder poder adquisitivo.

El segundo consiste en invertir en redes para consumo dentro de una semana: no va a estar acabada la red. En el mundo real, invertir en bolsa ahorro del año que viene. Es un exceso de iliquidez muy arriesgado que te puede ocasionar pérdidas permanentes de capital.

Así que, ahorro a corto, invertimos a corto; ahorro a largo, invertimos a largo. Si te quedas con esta frase y con que la forma más eficiente de invertir a largo es indexarse, ya tienes todas las claves para que te vaya muy muy bien. Conocer el resto de cosas es marginalmente menos rentable.

En todo caso, si no tenemos consumos previstos para el corto plazo, deberemos intentar enfocarnos todo lo posible en la renta variable que es el activo que más nos va a permitir expandir nuestro consumo futuro.

Para una persona de menos de 40 años, que tiene trabajo estable y que es flexible a la hora de adquirir casa, coche… no veo razón para que deba tener renta fija, ni más de 6 meses de gastos en depósitos (para imprevistos). Todo a bolsa.

Pero, ¿qué debemos entender si aceptamos el consejo? La bolsa va a tener altibajos y como decíamos antes, casi seguro que un año se da un tozolón. Esto no debe preocuparnos. Comentaremos luego la parte psicológica, pero piensa, si vamos a invertir hoy y rescatarlo para consumir dentro de 20 años, lo que pase por medio no es muy relevante. Bueno, de hecho, sí lo es, pero no como te imaginas.

Si, como veremos después, consideramos que vamos a intentar diversificar en el tiempo, vamos a estar invirtiendo un poquito cada mes durante 40 años, y después otros 40 años reembolsando; lo mejor que nos podría pasar es que nos pille una buena caída de las bolsas en nuestro periodo de inversión (activos más baratos -> precios más atractivos -> mayor rentabilidad). Es decir, si tenemos 25 años y acabamos de empezar nuestro periodo de inversión, lo mejor que nos podría pasar es que la bolsa se desplome mañana.

Más sobre las características de este activo en la charla de mi jefe (o en esta de mi otro jefe[i] que lo cuenta en 7 minutos), muy recomendable. Mi jefe comenta el libro de Jeremy Siegel ‘Stocks for the long run’. En este libro (no lo he leído y parece bastante denso) el autor analiza 200 años de renta variable y los compara con otros activos. Las comparaciones las realiza en profundidad, por ejemplo, coge diariamente todos los periodos de 20 años (dentro de esos 200) y descubre que no hay ni uno solo de renta variable con rentabilidad real negativa. Es decir, si nuestro horizonte temporal es de al menos 20 años, no debe preocuparnos la volatilidad del mercado. Para más datos vean la charla o vayan al libro (está gratis googleando[ii]).

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Figura 13 (Stocks for the long run – Jeremy Siegel)

Además, para que esta apuesta salga bien, lo único que tiene que pasar es que es ser humano progrese, que no se extinga. Y aunque creamos que puede pasar lo contrario, pocas opciones de inversión mejores seguirían quedado. Así que es una apuesta segura.

Antes de concluir este punto me gustaría hacer un párrafo enfocado a aquellos que ya estén en el periodo de reembolso (65 años o más). Una forma de conseguir rentabilidades atractivas similares a la renta variable sin tener que asumir tanta volatilidad sería la cartera permanente de Harry Browne. José Ignacio del Castillo la explica muy bien en esta charla[iii]. Básicamente consiste en dividir la cartera en 4 partes de 25% (acciones, bonos, oro y liquidez) e ir re-balanceando anualmente. Esta cartera en los últimos 40 años hubiera dado una rentabilidad real del 5-6% con muy baja volatilidad.

ANEXO: Mi primera vivienda.

Maticemos un poco ahora lo de la renta fija y los inmuebles.

Decíamos que la renta fija no es un activo adecuado a largo plazo pues, aunque dé rentabilidad nominal, como está denominada en euros y los euros se deprecian (inflación), las rentas que nos dé van a ir disminuyendo en valor.

Sin embargo, sí puede ser interesante (más en los tiempos que corren) tener lo contrario, ser deudor de renta fija[iv]. El problema será buscar un activo que machee en plazo y riesgo ese pasivo. No sería adecuado endeudarnos para invertir en bolsa. Como hemos dicho la bolsa va a tener vaivenes y muy probablemente no pueda cubrir todos los meses la cuota de la deuda.

Pero, ¿qué activo podemos utilizar para calzar plazos con las cuotas de la deuda?

Una opción es utilizar nuestro salario, es un pago mensual y concreto que puede cubrir la cuota de la deuda. No obstante, no es la mejor opción. Nuestro salario ya estará calzado con otros pasivos. Además, salario y deuda, puede que estén calzados en plazo, pero no en riesgo. La cuota se la vamos a tener que pagar al banco sí o sí, mientras que el salario es más incierto (podemos irnos al paro, reducirse el sueldo, tener un accidente…). Por eso recomiendan no adquirir una cuota mayor al 25-30% de tu salario neto.

La segunda opción es la que me parece más interesante. Los inmuebles son un activo con rentas uniformemente distribuidas a través del tiempo. Una casa te da servicios de habitación una vez al mes de forma puntual y cierta (sobre todo si eres tú el que la habitas). De ahí que endeudarse a tipo fijo para comprar una primera vivienda pueda tener sentido.

Cabe la objeción, ¿pero por qué voy a endeudarme y comprometerme a pagar todos los meses una cuota al banco para pagar una casa que da un 4% teniendo la bolsa que da un 7%?

Pues por las dos razones comentadas:

  • Endeudarte para invertir en bolsa no es una opción.
  • Endeudarte a tipo fijo para adquirir un bien del que no necesitas vender sus rentas, sino que tú mismo te las comes puede mejorar tu liquidez.

Para que se entienda el punto, pongamos que tienes ya la vida financieramente resuelta porque tienes un millón de euros en renta variable. Te darán de renta media 70.000 euros anuales, suficiente para adquirir todos los bienes de consumo que necesitas. Pero, aun así, tendrás que soportar años de caídas y restringir tu consumo un poco.

Pongamos ahora que eres capaz de prever y concretar cuáles son esos bienes de consumo que vas a necesitar a lo largo del tiempo (habitación, comida, luz…). Pues podrías comprarte lo mismo que renta variable, bienes de capital, pero que produzcan exactamente las rentas que quieres consumir, es decir, que no necesites venderlas para adquirir las que deseas.

Podrías, por ejemplo, comprarte una casa, una granja, y un generador eléctrico. Y de esta manera conseguirías no tener picos y valles. El precio de los alquileres, de la comida y de la luz te daría igual porque no tienes que vender nada. Tú te lo guisas, tú te lo comes.

Llamemos al efecto anterior estar más líquido. Pues con la casa pasa lo mismo, tú mismo disfrutas los servicios de habitación. Así que puede tener su atractivo sobre todo si financias la compra a tipo fijo y periodo largo. Claro que dependerá al final, de lo buena o mala que sea la inversión, de si el activo, la casa, está a precios atractivos.

Pongamos mi caso. Pago actualmente 750 mensuales de alquiler en una casa de 3 habitaciones en una buena zona de Madrid. Me consta que en mi mismo edificio y colindantes, análogos pisos se alquilan por un 60% más. La zona, además de ser muy céntrica, tiene varios proyectos urbanísticos y de aperturas previstos para el futuro.

No considero descabellado que la casa se pueda vender en el futuro cercano por 300-400 mil. Pero a nosotros nos están cobrando con un precio implícito (a PER 15-20) de 135-180 mil.

Por otro lado, con los desórdenes monetarios que estamos viviendo, me gustaría deberle algo al banco (a tipo fijo por supuesto). Con los cálculos que he hecho y pidiendo a tipo fijo 30 años, me quedaría una cuota de 200 euros al mes por cada 50.000 que pida.

Con los datos anteriores valoro las dos patas. Podría pagar por la casa unos 200-225 mil y seguiría siendo una buena inversión (tened en cuenta que mi coste de oportunidad son los fondos de mis jefes en los que descuento una alta rentabilidad).

Por el otro lado, podría pedir unos 200.000 y pagar una cuota de 800 (solo 50 euros más que el alquiler). Pedir una cuota mayor ya me empezaría a parecer arriesgado.

Si lo hiciera (y la casera aceptase claro), creo que no tendría problema para atender los pagos. Al final, en algún sitio tengo que vivir pagando su correspondiente alquiler.

Además, si viene en el futuro un periodo largo de fuerte inflación (ya no digo quiebra monetaria), mi cuota de 800 podría convertirse en una cómoda cuota actual de 400 (valor equivalente).

Y como minipunto, ¡ya no temería cada 3 años que me subieran el alquiler!

Vamos a verlo en nuestro balance vida-fondos propios. Empecemos a desagregar. Nuestra vida la podemos dividir en dos: el fruto de las actividades realizadas en el pasado y el fruto de las realizadas en el (presente y) futuro. Así, llamaremos patrimonio al conjunto de rentas adquiridas en el pasado, convertidas en riqueza, y destinadas a consumo futuro. Y llamaremos salario al conjunto de rentas que vamos a adquirir y destinar a consumo presente y futuro.

Y la parte del pasivo, lo que llamábamos fondos propios, nuestras preferencias de flujos de consumo, lo vamos a dividir también en dos: consumo a corto plazo al que llamaremos pasivo y consumo a largo plazo para el que reservaremos el nombre de fondos propios. La cosa quedaría más o menos así:

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Figura 14 (elaboración propia)

Recordad, el pasivo refleja nuestras preferencias de consumo en el tiempo y el activo debe acoplarse para alcanzar dichos objetivos.

Vemos que esta persona ha ahorrado ya un poco. Su patrimonio es capaz de financiar el 50% de su consumo futuro. Por el otro lado, su salario puede financiar todo su consumo presente y destinar un 40% a cubrir el resto del consumo futuro. A medida que vaya ahorrando deberíamos ver como el patrimonio va creciendo hasta poder financiar todo el consumo futuro.

Continuemos desagregando. El consumo, tanto presente como futuro, lo podemos abrir en las partidas que conozcamos, por ejemplo: alimentación, ocio, alojamiento… Vamos a abrir solo la de alojamiento para observar cómo sería el efecto de comprar una casa expandiendo nuestro balance (con deuda). Algo así sería el resultado:

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Figura 15 (elaboración propia)

Como vemos, hemos expandido nuestro balance, cosa en principio arriesgada. Hemos añadido una casa al activo y una deuda al pasivo. Pero, dado que la casa y nuestras necesidades de alojamiento a lo largo del tiempo se machean totalmente, las podemos cancelar. Las rentas del activo ‘casa’ siempre van a coincidir en tiempo y forma con las demandas del pasivo ‘alojamiento’ (esto es lo que debemos conseguir con todo el balance, cancelarlo, machear activo con pasivo).

Así que, en la medida en que nuestro pasivo ‘alojamiento’ sea de la misma cuantía e igualmente cierto (no queremos vivir debajo de un puente) que el pasivo ‘deuda’, nuestra liquidez no se habrá deteriorado.

De hecho, en la medida en que las rentas de ‘casa’ se ajusten en calidad a las demandas de ‘alojamiento’ (no se nos quede la casa pequeña o grande), ‘casa’ pueda haber sido adquirida a precios atractivos y ‘deuda’ la hayamos pedido a tipo fijo (nuestro sueldo estará algo indexado a la inflación, pero la deuda no); la jugada ha podido salirnos bastante bien y haber incluso mejorado nuestra liquidez. Habremos reemplazado un pasivo incierto en cuantía (alquiler) por otro cierto y decreciente en valor (deuda tipo fijo).

Un pequeño apunte para los de la hipoteca multidivisa. Como hemos visto, nuestra demanda de alojamiento se cancela con la casa, y nuestro sueldo machea con las cuotas de la deuda. Pero, si nuestro sueldo está en euros solo podemos endeudarnos en euros. No sería buena idea endeudarnos en dólares o yuanes si vamos a cobrar euros al final de mes. Estaríamos a expensas del tipo de cambio. Deterioraríamos mucho nuestra liquidez, nos haríamos más dependientes del entorno. Solo se me ocurre un caso en el que pueda tener sentido endeudarse en divisa distinta a euros: que el valor de nuestro salario dependa de otra divisa. Si, por ejemplo, trabajamos en una empresa exportadora (y nos pagan más o menos según venda la empresa), o vendemos artículos por internet a otros países, sí podemos plantearnos realmente de dónde viene nuestro salario y endeudarnos en distintas divisas. Pero aparte de ese caso, es una locura.


Referencias bibliográficas

[i] Value Investing – AZValor

https://youtu.be/JL-TCEveoCQ?t=6m10s

[ii] Stocks for the long run – Jeremy Siegel

https://www.google.es/search?q=Stocks+for+the+long+run+filetype%3Apdf

[iii] J.I. Castillo – III Jornada de Finanzas personales e inversión

https://youtu.be/nWjJe5fwEqc?t=31m48s

[iv] II Conferencia Anual de Inversores de azValor (2017)

https://youtu.be/C4hsRwR_s3I?t=2h9m56s


Diego Costa Garcia

 

Autor: Diego Costa García

Formación: Master en Value Investing de OMMA

Cargo profesional: Middle Officer en azValor Asset Management

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