¿Qué es el dinero? A cargo de Diego Costa

AD 4/2019

Abstract:

A través de este artículo, preámbulo de otros posteriores que abordarán el estado actual del “dinero”, se analizan las distintas funciones del dinero como medio de intercambio, depósito de valor y unidad de cuenta, así como las teorías que explican su origen, a saber: la teoría chartalista y la teoría evolutiva.

Palabras clave:

  • Dinero
  • Liquidez
  • Trueque
  • Depósito de valor
  • Teoría chartalista
  • Teoría evolutiva

El dinero suele definirse como el medio de intercambio generalmente aceptado y suelen diferenciarse 3 funciones del dinero: medio de intercambio, depósito de valor y unidad de cuenta.

Suele decir Francisco Capella (un pensador / divulgador que saca puntos muy interesantes) que las 2 primeras en realidad son la misma. El que ‘intercambia’ también ‘no intercambia’. Como inspirar y espirar, entre intercambio e intercambio, lo que hay es un ‘no intercambio’, un depósito de valor.

El depósito de valor, además de trasladar valor en el tiempo (entre intercambio e intercambio), también se puede entender como ‘trasladar valor en el riesgo’, trasladar valor hacia los distintos e inciertos escenarios futuros.

Pero a mi juicio, la función característica (la cual no podría darse sin las 2 anteriores) es la de unidad de cuenta. Como el metro para la distancia o el segundo para el tiempo; el dinero sería la unidad para medir valor. Puedes utilizar las unidades monetarias para expresar el valor de algo gracias a que esas unidades monetarias tienen un valor estable (o más estable que lo que estás midiendo).

Sobre el origen del dinero existen 2 explicaciones: la teoría chartalista y la teoría evolutiva.

Como primera aproximación podríamos decir que la chartalista sostiene que dinero es lo que el Estado dice que es dinero (el dinero lo crea el Estado) y la evolutiva que el dinero es lo que los individuos descentralizadamente dicen que es dinero (el dinero lo crea el mercado).

Pero no se trata de contraponerlas ni de elegir entre una u otra, sino de conocerlas y ver cómo ambas pueden explicar parte de la compleja realidad. Por cierto, olviden por el momento los euros o dólares y piensen en ‘dinero’ en abstracto como el oro u otro bien de intercambio generalmente aceptado. Más adelante quizás veamos como encajan los euros y dólares en todo esto.

La teoría evolutiva se apoya en el concepto de liquidez de los bienes. La liquidez es un concepto un tanto escurridizo. Espero que baste por ahora definir liquidez como la invariabilidad de valor ante cambios de tiempo, lugar, cantidad…

El punto es que no es igual de fácilmente vendible un kilo de sal (que se lo puedes encasquetar a cualquiera a un precio estable) que un tratado de economía política (que a ver quién te lo compra y a qué precio). La sal es más líquida que el libro.

Dicho esto, se puede imaginar fácilmente un sistema de trueque teniendo en cuenta que no todos los bienes son igualmente líquidos. El problema del que suele hablarse en el trueque es el de la doble coincidencia de necesidades: yo tengo que querer lo que tú tienes y tú tienes que querer lo que yo tengo. Es sin embargo un problema bastante mal planteado al no tener en cuenta intensidades. Y el problema sería todavía más grave: yo tengo que ser el mejor ‘comprador’ de tu mercancía y el mejor ‘vendedor’ de la mía; y tú el mejor ‘comprador’ de la mía y el mejor ‘vendedor’ de la tuya. No basta con que quieras mi objeto, debes ser el que más intensamente valore mi objeto y menos intensamente valore el tuyo.

La liquidez resuelve estos problemas al posibilitar los intercambios indirectos. Yo puedo buscar al mejor comprador de mi mercancía (al que más la valore) e intercambiársela por un bien que, aunque no sea el que deseo, sepa que su valor es estable, esto es, por un bien líquido. Y posteriormente puedo cambiar el bien liquido por aquel que realmente deseo buscando al mejor vendedor (al que menos valore su mercancía) para hacerlo. Puede precisamente aquí separarse el trueque en sus 2 operaciones: compra (das un bien líquido por uno ilíquido) y venta (das un bien ilíquido por uno líquido).

A medida que se extienden los intercambios se va descubriendo cuales son los bienes más líquidos o con valor más estable (que no tienen por qué ser los mismos en todas las circunstancias) y derivado de su efecto red, suele terminar imponiéndose uno como el más líquido. A ese bien lo pasamos a llamar dinero.

La teoría chartalista por su lado, en lo que entiendo como la versión más depurada, viene a decir que el dinero es (y ha sido siempre) deuda del Estado. Bueno, muchas veces no lo dice exactamente así, pero considero que así es como debe entenderse. Lo que suele decir es que el dinero lo crea el Estado y es aquel bien que el Estado se compromete a aceptar como pago (para pagar impuestos, por ejemplo). Pudiera parecer entonces que no necesariamente será un pasivo del Estado en tanto en cuanto el Estado puede decidir aceptar como pago el oro o cualquier otro bien real.

La determinación de lo que es o no es un pasivo es complicada. Como casi todo, no es una variable binaria, sino que tiene muchos grises y normalmente es la ley positiva (y los GAAP, Generally Accepted Accounting Principles) la que termina trazando la línea divisoria.  No obstante, tiene carácter de obligación (el Estado se compromete a aceptar) y es precisamente ese carácter el que creo debe resaltarse.

Así que tenemos un pasivo tributario, una deuda del Estado que se utiliza para pagar (compensar) precisamente la deuda fiscal que los individuos tienen con el Estado. Es decir, tenemos un grupo de individuos que se juntan y crean una entidad jurídica independiente (Estado) a la que se comprometen a entregar unos flujos inciertos de su producción futura (impuestos). A cambio, reciben algo así como acciones de esa nueva entidad (billetes). Y así tenemos el balance tipo de un banco central.

Y sí, ¡los euros están en el pasivo!

Por cierto, los principales defensores actuales del chartalismo son los de la MMT (Modern Monetary Theory). Si habéis escuchado a Alberto Garzón defender el ‘trabajo garantizado’, eso es una propuesta de la MMT. Y tienen fuertes disputas dentro de la izquierda sobre este tema: trabajo garantizado (MMT) vs renta básica universal (republicanismo).

Me gustaría hacer una mención especial a David Graeber (antropólogo), un outsider que en 2011 publicó un libro titulado ‘Debt, the first 5000 years’. Graeber supuso un duro golpe para el mainstream económico que acepta una especie de teoría evolutiva simplificada (con un concepto de liquidez difuso) en la que primero hay trueque, luego dinero y después surge la deuda. El antropólogo vino a mostrar que tal cosa nunca se dio. No hubo ninguna sociedad que funcionara con trueque. Las tribus funcionaban con deuda y solo entre desconocidos (entre tribus o entre enemigos) se empleaba el trueque.

Sin embargo, desde mi punto de vista, estos argumentos históricos aparentan ser más demoledores de lo que son. En primer lugar, la teoría evolutiva no necesita que el dinero surja antes que la deuda y tampoco necesita que una sociedad funcione con trueque. La mejor forma de verlo es darle a nuestro concepto de trueque una dimensión extra: la temporal. Si se considera trueque el intercambio de un bien [hoy] por otro bien [hoy] (típica permuta), considerémoslo también el intercambio de un bien [en un momento determinado] por otro bien [en otro momento determinado]. Los podemos diferenciar llamándolos trueque spot (al contado) cuando los 2 momentos coincidan y trueque diferido cuando los 2 momentos no coincidan. ¡Y ahí aparecen el crédito y la deuda! De hecho, como decíamos antes con el problema del trueque, debes buscar al mejor comprador y al mejor vendedor y muy improbablemente tendrá el bien en el mismo momento en el que tu tengas el bien contrapartida. Es decir, es totalmente lógico que una sociedad sin dinero articule mucho más trueque diferido que spot.

Puede verse además que el problema de la unidad de cuenta persiste o incluso se agrava en el trueque diferido. Si yo te doy un bien hoy a cambio de que tú me des un bien mañana, surge el problema de que mañana, el bien que me des no tenga valor. Es decir, la competencia entre los bienes líquidos vuelve a operar incluso aunque solo se utilicen como unidad de cuenta para fijar el valor que se adeuda de forma estable.

Pero resulta que a su vez, el trueque diferido, la deuda, tiene algún coste extra, a saber, ¡te pueden no pagar! Por tanto y dado que este coste (la prima en precio por la incertidumbre frente a impago) se va reduciendo a medida que aumenta la confianza (las relaciones comerciales se vuelven más estables, los sistemas jurídicos se robustecen…), tiene sentido que también vaya aumentando el uso del trueque diferido en la economía.

Para ir terminando, me gustaría sacar un punto que Capella comenta con frecuencia y que me parece clave en muchísimos campos (y este no es una excepción): la tensión constante entre individuo y grupo.

  1. Los individuos se juntan formando grupos de individuos.
  2. A los grupos ‘muy’ cohesionados los llamamos individuos.
  3. Vuelta a 1.

El punto da probablemente para un artículo aparte. Pero lo que me gustaría hacer notar a modo de conclusión es que probablemente no estemos ante 2 teorías sobre el origen del dinero contrapuestas sino ante 2 teorías sobre cosas diferentes: dinero de individuos vs dinero de grupo. Dinero o formas de intercambio de entidades cuyas partes están poco cohesionadas, interrelacionadas; y dinero o formas de intercambio de entidades cuyas partes están muy cohesionadas, interrelacionadas. Así que, como probablemente ambas teorías tengan puntos que convendría matizar y ambas tengan aproximaciones correctas a la realidad; propongo por el momento conservar ambas en la mente al menos hasta haber profundizado un poco más en todo el sistema monetario.

Diego Costa.

Madrid, 15 de enero de 2019

Para saber más:


Diego Costa Garcia

Autor: Diego Costa García

Formación: Master en Value Investing de OMMA

Cargo profesional: Middle Officer en azValor Asset Management

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