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Privacidad y protección de datos, una cuestión de Responsabilidad Social Empresarial. A cargo de Laura Montes Bracchini

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Privacidad y protección de datos, una cuestión de Responsabilidad Social Empresarial

 

La garantía de los derechos humanos asociados a la protección de los datos personales y a la privacidad son generadores de valor para las organizaciones que están encaminadas al desarrollo sostenible.

 

Los derechos humanos relativos a la protección de datos personales y a la privacidad, reconocidos así por una gran cantidad de países, muchas veces son difíciles de asociar con los valores y la ética empresarial. ¿Son la privacidad y la protección de datos una cuestión de Responsabilidad Social Empresarial? Sí, absolutamente y veremos porqué.

Por lo general, el derecho a la protección de datos se piensa desde el ámbito personal, mientras que la privacidad se identifica como un derecho pasivo que se refiere a la decisión del individuo a ser dejado solo; pero pocas veces dimensionamos que estos derechos no solo constituyen la salvaguarda de buenas prácticas sino una obligación incluso moral para las empresas, en la búsqueda de conseguir un desarrollo sostenible.

Para adentrarnos al tema es importante entender que la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) toma forma cuando las entidades corporativas reconocen un binomio dentro de su obligación identificada por ellas mismas, conformado por mayor información y conciencia. Es así que el concepto se refiere a acciones y a comportamientos basados en normativas globales y locales, y en principios creados e implementados de manera individual y voluntaria por las empresas que tienen sustento en su ética y valores corporativos.

La RSE supone al conjunto de acciones con las que las empresas contribuyen para lograr un desarrollo sostenible, noción utilizada por primera vez en 1987 por la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo de las Naciones Unidas en el informe Nuestro futuro común (también llamado informe Brundlandt), que lo definió como “el desarrollo que satisface nuestras necesidades sin comprometer la habilidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas”.

El desarrollo sostenible se basa en diversos objetivos que descansan en tres pilares fundamentales y equilibrados –medio ambiente, desarrollo social y gobernanza–, en los cuales las corporaciones deben enfocarse para generar acciones en beneficio de sus grupos de interés, con el propósito de generar valor. Sí valor.

Derechos que generan valor

Comprender por qué la garantía de los derechos humanos asociados a la protección de los datos personales y la privacidad son generadores de un valor sostenible es algo difícil de comprender, si es que tenemos la idea de que los derechos humanos son un concepto obligatorio pero a la vez altruista, que básicamente consiste en no hacer a otros lo que no queremos recibir a cambio. Pero no es así.

El derecho a la protección de los datos personales y el derecho a la privacidad de colaboradores, ciudadanos y consumidores no son independientes de la transparencia en la información de acciones corporativas en términos de RSE; por el contrario, permiten a los grupos de interés saber qué acciones deben reforzarse en beneficio de la estrategia para generar valor.

No es casualidad que el desarrollo social, que es uno de los pilares de la RSE, se base en impulsar prácticas internas y externas en materia de protección de los derechos humanos. Es ahí donde la adecuada gestión de datos personales y el derecho a la privacidad dejan de ser una práctica “nice to have” para convertirse en una obligación fundamental que agrega valor a los stakeholders interesados en invertir en empresas sostenibles.

Hablando en términos económicos, ¿Cómo es que los derechos humanos pueden ser un generador de valor para las empresas? La respuesta es muy sencilla: la confianza que produce una gestión leal, legal y proporcional de los datos personales de los individuos transformados en información útil para las corporaciones, permite cumplir favorablemente las expectativas de los consumidores dirigidas a elegir a las empresas cumplidoras.

Es así que la RSE no es una acción filantrópica por fortuna y para fortuna de los inversionistas y grupos de interés en general; consiste en acciones de RSE que generan valor en el tiempo, si las vemos asociadas a la estrategia de negocio y a las expectativas de los grupos de interés, que pueden verse satisfechas en lapsos más duraderos, más sostenibles.

El desarrollo de una cadena de valor siempre tenderá a procesos de mejora continua que generarán riqueza; mientras que el desarrollo social, a reconocer la labor de los colaboradores y sus comunidades con la salvaguarda de sus derechos humanos, como lo son la protección de datos personales y la privacidad. Ambos atraen y crecen la inversión.

Al final, todo redunda en un esfuerzo común entre ciudadanos de a pie y ciudadanos corporativos, un concepto que intenta explicar qué es lo que impulsa y en qué se basa que los colaboradores de una organización contribuyan positivamente, más allá de lo que formalmente se espera de ellos. Uno y otro impulsan un crecimiento social y económico que tiende a acciones continuadas y mejoras que generan una sustentabilidad corporativa claramente identificable.

Cimientos fuertes para la protección de datos y la privacidad

Analicemos algo, ¿Cómo es que grandes empresas que han tenido una caída en el valor de sus acciones debido a una gestión inadecuada de los datos personales de sus consumidores logran volver a posicionarse? Esto se debe al soporte e implementación de prácticas de RSE, que les permiten salir adelante intentando corregir cualquier impacto negativo de una manera inmediata y eficaz.

Cada vez más los individuos somos conscientes del derecho a decidir en qué y para qué se utilizan nuestros datos; sabemos que esa información es un activo inherente a la persona, y que cuando una corporación los utiliza de una manera ilegítima lo que se espera de ella es la corrección inmediata.

La reputación corporativa, un distintivo que tiene una connotación económica, puede mermarse con una sola acción y poner en riesgo la lealtad de los consumidores si son vulnerados sus derechos humanos; ante los errores en la aplicación del derecho a la protección de datos y la privacidad, los consumidores quedan atentos a la estrategia de corrección antes de tomar cualquier decisión. Las oportunidades son muchas, pero el tiempo es poco.

El rol de la estima de los consumidores hacia una marca es fundamental para un desarrollo sostenible asociado a la RSE, porque cada vez hay más información generada desde los datos personales. El desarrollo tecnológico permite conocer patrones de consumo, opiniones y elecciones a partir de los datos, lo cual abre una oportunidad para las empresas con una adecuada gestión de la información que se convierten en acciones sostenibles que tarde o temprano generan confianza y valor.

Los derechos humanos nunca serán soslayados por las personas y no deberían serlo por las empresas, en ello se basa la reputación corporativa, en esa emoción y estima que muestra el consumidor cuando siente que sus valores son acordes con lo que transmite la empresa, que se traduce en lealtad y en ganancias sostenibles para todos.

A través de los años, las empresas podrán cometer errores en la gestión y salvaguarda de los derechos humanos, pero la forma de asumirlos y corregidos frente a sus grupos de interés, la forma de retomar su ética, valores y compromiso de impacto social, son la ruta hacia el desarrollo sostenible.

El mundo vive un momento histórico en el que debemos pensar en todos, no solo en los que estamos sino en los que estarán, en los que están delante de nosotros y  en los que vienen detrás, quienes también tienen derecho a disfrutar de lo que nosotros tenemos. Generamos valor a las empresas con lo que somos y debemos ver retribuido ese valor en acciones, en respeto, en recursos, sí, en recursos, porque nunca pensamos que los datos generarían tanto valor, y que nuestro derecho a ser dejados solos, es decir, a la privacidad, fuese reconocido por las corporaciones para acercarnos a ellas.

Nuestro papel ahora es decidir qué consentimos y qué no, porque la Responsabilidad Social Empresarial nació para quedarse. Nosotros, ¿con qué empresas nos quedaremos?

Laura Montes Bracchini

30 de agosto de 2021


Laura Montes Bracchini es una abogada mexicana especializada en derecho corporativo y derecho informático, enfocada al compliance corporativo y la gestión de protección de datos personales como pilar de desarrollo social (ASG) y de derechos humanos en las corporaciones. Autora del libro Identidad post mortem y cómo es que nunca dejamos de existir publicado por Tirant México.

Es egresada de la Facultad de Derecho de la UNAM y tiene una maestría en Derecho de las Tecnologías de la Información y Comunicaciones por el Centro de Investigación e Innovación en Tecnologías de la Información y Comunicación (INFOTEC). También ha cursado estudios en Privacidad, Regulación y Gobernanza de Datos.

Es vicepresidenta de la Asociación Mexicana de Biometría e Identidad (AMBI) y miembro del Comité de Tecnologías de la Información y Comunicación y Protección de Datos Personales de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE). Actualmente es Directora Jurídica de Fibra Educa, primer Fideicomiso de Inversión en Bienes Raíces en México listado en la Bolsa Mexicana de Valores, enfocado al sector educativo y es Secretaria de su Comité Técnico y Comités Intermedios.

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