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Fernando Pinto

Entrevista a Fernando Pinto: «Hay que perseverar en el objetivo, no rendirse, superar las dificultades y darse las oportunidades que el cuerpo te pida»

1.- ¿Quién es Fernando Pinto? Cuéntanos un poco más de ti. 

Un buen amigo de mi padre me ha puesto el apodo de “magistrado/filósofo”. Creo que me describe bien. Disfruto mucho mi trabajo en el Juzgado. Pero también estoy interesado en otras muchas cosas como se refleja en las columnas que escribo en el Diario de Menorca y Confilegal.

2.- ¿Cuáles fueron tus motivos para adentrarte en el mundo de la judicatura?

Durante los años de estudio de la carrera, me di cuenta de que el Juez es un protagonista clave en el Derecho. Su labor de interpretación y aplicación de la ley para encontrar la solución al caso concreto me parece muy interesante y enriquecedora. Por otro lado, se trata de una profesión que tiene un indudable componente social que te permite conocer de primera mano las inquietudes de la sociedad en la que vives.

3.- ¿Cómo es el día a día de trabajo de un magistrado?

Desde hace nueve años estoy destinado en un Juzgado de Primera Instancia e Instrucción. Estos Juzgados conocen de muchos asuntos de la más variada naturaleza. A primera hora, puedes empezar un juicio verbal sobre un accidente de circulación. Cuando subes al despacho, la Guardia Civil puede estar esperándote para comentar una solicitud de intervención telefónica que acaban de presentar. Más tarde, puedes tener un internamiento por razón de trastorno psíquico y desplazarte al Hospital para explorar al internado. Y, cuando vuelves, quizá tengas señalado una comparecencia para una autorizar la venta de bienes de un menor de edad.

Es una dinámica de trabajo muy variada, amena y que, desde luego, requiere organización y ciertas dosis de agilidad resolutiva porque, en menos de cinco minutos, debes cambiar el “chip” de Civil a Penal.

4.- Hemos observado que, a diferencia de otros jueces y magistrados, le das mucha importancia a la difusión del conocimiento en Internet y en las redes sociales. ¿Siempre ha sido así?

Internet y las redes sociales son actualmente el principal instrumento de comunicación. Y, desde luego, creo que debe aprovecharse todo su potencial para la labor divulgativa. Cuando llevas ejerciendo unos años en un Juzgado, te das cuentas de que aprendes muchas cosas y puedes compartir esa experiencia y conocimientos con terceras personas. De esta manera, se establecen nuevos lazos que, hace unos años, eran imposibles.

Te contaré una anécdota sobre esta cuestión. Desde hace varios años publico artículos de opinión en el Diario de Menorca. Suele compartir estos artículos en Twitter y en Linkedin. Resulta que una psicóloga forense de Málaga contactó conmigo para decirme que le gustaban las columnas. Cuando publiqué el libro recopilatorio de estos artículos (“Si no levantas los ojos. Crónicas de un juez optimista”), me dijo que lo había comprado y que lo dejaba en la sala de espera de su consulta. Pues resulta que muchos pacientes que acuden a su consulta están leyendo el libro y le han transmitido a la psicóloga que les ha gustado. Sin las redes sociales, esto no habría sido posible.

5.- ¿Cuál es tu opinión respecto a la digitalización de la Administración de Justicia? ¿Crees que es posible? ¿Cuáles son los inconvenientes?

La digitalización es un proceso imparable en todas las esferas de la vida. Hace cincuenta años, no nos podíamos imaginar que con un teléfono móvil pudiéramos llamar, responder emails, hacer fotos o transferencias bancarias.

La Administración de Justicia está avanzando en este proceso, aunque de forma muy desigual. En el caso de Baleares, el proceso está mucho más avanzado porque se ha implantado el expediente judicial electrónico que, aunque requiere mejoras, es un avance considerable. Actualmente, los jueces en Baleares disponemos de un ordenador portátil con el que podemos acceder a una plataforma para firmar resoluciones desde cualquier parte. Además, la aplicación te permite consultar cualquier expediente del Juzgado lo que también puede ayudar a mejorar la conciliación de la vida personal, familiar y laboral.

6.- ¿Están los jueces preparados para la nueva era digital?

Hace falta más formación en todos los ámbitos. Por un lado, para poder utilizar de la forma más eficiente posible todo el potencial de las nuevas herramientas digitales a nuestra disposición. Y, por otro lado, para comprender la naturaleza de la prueba electrónica, su valor y los requisitos que deben cumplir de cara a su plena validez probatoria.

7.- Desde tu punto de vista, ¿en qué aspectos debería mejorar la Administración de Justicia española en comparación con otros países europeos?

La Administración de Justicia requiere de una reorganización profunda para convertirse en un servicio público de referencia. Creo que hay varios factores a tener en cuenta.

En primer lugar, la ratio de jueces por habitantes es de las más bajas de la Unión Europea lo que desemboca en una sobrecarga de trabajo que no puede solucionarse solo con voluntarismo judicial, sino que requiere un incremento de medios personales.

En segundo lugar, debe rediseñarse la planta judicial para adaptarse a la nueva realidad demográfica del siglo XXI. Una persona asume tener que hacer varios kilómetros para ir a un hospital a hacerse una prueba médica. Sin embargo, en el caso de los Juzgados, parece que deben estar prácticamente en cualquier sitio. Hay que hacer una reflexión sobre el partido judicial y quizá pensar en otras formas de dividir las circunscripciones judiciales. Una solución sería unificar ciertas sedes judiciales para dotarles de una estructura más grande que esté en mejores condiciones de absorber un eventual incremento del trabajo.

En tercer lugar, debe analizarse la situación de cada uno de los órganos judiciales porque la realidad es que la carga de trabajo está muy mal distribuida. Hay Juzgados colapsados (que señalan vistas para 2020) y otros que están celebrando juicios a los tres meses. Estas situaciones, a veces, se producen dentro del mismo partido judicial lo que incrementa el desapego ciudadano a la justicia.

Y, en cuarto lugar, deben potenciarse los mecanismos alternativos de resolución de controversias. Existe una excesiva judicialización de la vida pública y privada. Cualquier mínima controversia acaba en el Juzgado lo que supone un ejercicio de irresponsabilidad porque denota una incapacidad manifiesta para encontrar soluciones consensuadas. Basta indicar un ejemplo. En el Juzgado he tenido que resolver si un hijo iba de vacaciones a un parque de atracciones porque la madre decía que sí y el padre se negaba. Otro ejemplo: reclamación de gastos hipotecarios. No tiene sentido que se sigan resolviendo en el Juzgado estas reclamaciones cuando existe un criterio claro en la jurisprudencia. La negociación, la mediación y el arbitraje deben jugar un papel fundamental en la Administración de Justicia del siglo XXI si no queremos que aquélla se colapse y no pueda resolver de manera eficaz las cuestiones que no pueden ser objeto de ninguna negociación.

8.- Sabemos que eres un apasionado del Derecho, ¿actualmente estás preparando alguna especialización o hay alguna área del conocimiento en la que desearías profundizar?

Hace una semana he publicado un nuevo libro sobre la prisión permanente revisable. Era un tema que me atraía mucho porque, en definitiva, no deja de ser llamativo que en el siglo XXI se haya recuperado una pena que se derogó en España en 1928. Gracias al estudio del tema, he profundizado en las causas que han propiciado esta reforma, las deficiencias que presenta la regulación actual y sus fricciones constitucionales, especialmente, con el mandato de reinserción social.

9.- ¿Tienes alguna anécdota divertida que te haya pasado en sala y quieras compartir con nosotros y nuestros lectores?

Un Juzgado mixto está llena de historias curiosas. Una vez recibimos un exhorto para tomar declaración a un investigado por una estafa. Se trataba de una compra de móviles por internet con la tarjeta de otra persona. El investigado era la persona que había recibido los móviles en su domicilio. En la declaración negó todos los hechos. Sin embargo, cuando fue a firmar la declaración… ¡puso la misma firma que figuraba en el albarán de entrega!

Al poco tiempo de llegar al Juzgado, me di cuenta de que la Policía me traía detenido muchas veces a un señor por robo con fuerza. Cuando hablé con las funcionarias del Juzgado, me contaron que era un “habitual” como pude constatar con los antecedentes penales. Al empezar las declaraciones de investigados, siempre les pregunto si comprenden sus derechos. En este caso, el investigado se me quedó mirando y dijo: “no, por favor, otra vez no, los derechos no, todo menos eso” en referencia a que ya estaba “harto” de que se los leyeran.

10.- Hace unos meses lanzaste tu libro titulado “Si no levantas los ojos, crónicas de un juez optimista”, cuéntanos de dónde nace la idea, qué encontraremos en el libro y cuál es tu objetivo como autor. 

Desde el año 2013 escribo cada quince días en la sección de opinión del Diario de Menorca con una columna que se llama: “¿Tiene caldereta sin langosta?”. Siempre he pensado que, después de publicarse las columnas, en cierta medida “desaparecen” para el lector. Por tal motivo, hace unos meses pensé que podía hacer una selección de las columnas que me parecían más interesantes y recopilarlas en un libro.

La finalidad del libro es crear un espacio para reflexionar sobre cuestiones que nos afectan a todos: justicia, educación, redes sociales, libertad, nuevas tecnologías, medio ambiente, etc. Por ejemplo, hay un artículo titulado “Si duele, no es amor” que habla de cómo una mujer puede convertirse poco a poco en víctima de violencia de género hasta el punto de llegar a justificar las acciones de su agresor.

En vez de hablar de estadísticas sobre muertes violentas, utilizo la historia de la rana hervida del filósofo franco-suizo Olivier Clerc.

Este cuento tiene una moraleja sencilla: si una mujer no toma conciencia del deterioro progresivo de su relación afectiva, posiblemente en el futuro no estará en condiciones de tomar las decisiones adecuadas (denunciar, pedir ayuda, buscar asesoramiento legal, etc.).

En otro artículo, llamado “El valor del fracaso” hablo de la importancia de aprender la lección moral de aquellos proyectos que no salen como esperamos.

O en el artículo “Perdón, por favor y gracias” reflexiono sobre las normas de educación que cada vez están más olvidadas.

Mi intención con las columnas no es ofrecer soluciones, sino más bien transmitir las dudas que todos tenemos cuando hablamos de los grandes temas.

11.- Tenemos curiosidad sobre tus aficiones fuera del trabajo, cuéntanos un poco. 

Me gusta mucho jugar al pádel. Es un deporte muy social en el que se conoce mucha gente. Y, en verano, disfruto haciendo esnórquel por las playas de Menorca. También me encanta leer.

12.- Nos gustaría conocer tu rutina diaria, ya que en las redes te vemos haciendo muchas actividades (publicar en medios, escribir libros, etc.), ¿nos podrías dar algunos tips de organización para los profesionales del sector jurídico? 

La clave es la organización. Hay que estructurarse el tiempo para sacar el mayor rendimiento posible. Si te propones en una hora redactar una demanda o mirar jurisprudencia, céntrate en ese objetivo y no pares hasta conseguirlo. Muchas veces no sacamos rendimiento al tiempo que tenemos porque estamos con muchas cosas a la vez. Al final es como el dicho: “el que mucho abarca, poco aprieta…”. Y, luego, también es fundamental la pasión por lo que haces. Ya lo decía Confucio: “Encuentra un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día en tu vida”.

13.- Por último, ¿qué le dirías a nuestros queridos lectores que estén preparando la oposición a la judicatura?

La oposición es una carrera de fondo que requiere constancia, disciplina, voluntad de sacrificio y muchas dosis de ilusión. Hay que perseverar en el objetivo, no rendirse, superar las dificultades y darse las oportunidades que el cuerpo te pida. He visto gente brillante en la carrera que fracasa en las oposiciones. No son los 200 metros lisos, sino más bien una maratón. Sin embargo, todo pasa y, con independencia del resultado, puedes sentirte orgulloso del trabajo realizado. Aunque no se consiga, el conocimiento ahí queda y, desde luego, te va a servir de gran ayuda en tu labor profesional.


  • Autor: Fernando Pinto Palacios
  • Cargo profesional y formación específica: Magistrado-Juez del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción nº 3 de Mahón (Menorca). Doctor en Derecho. Profesor Asociado de Derecho Penal de la UIB. Profesor Asociado de Derecho Procesal Penal y de Práctica Procesal Penal en la Universidad Isabel I. Académico Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.
  • Email: fpintopalacios@gmail.com
  • Twitter: @fpintopalacios

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