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La importancia de la igualdad y equidad de género en las organizaciones. A cargo de Laura Montes Bracchini

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La importancia de la igualdad y equidad de género en las organizaciones

Por Laura Montes Bracchini

La equidad en el mundo corporativo, al igual que en muchos otros ámbitos, no es una concesión. ¿Es válido asumir que su cumplimiento se basa en una cuota de género? No, porque la discriminación positiva es discriminación. Así de claro.

La discriminación resulta odiosa sin importar si se disfraza de una oportunidad que se otorga a un género para poder acceder a metas vetadas a este, o si se le niegan oportunidades. La discriminación positiva, “corresponde a una serie de acciones o medidas que pretende que aquellas personas o grupos de personas históricamente rezagadas tengan cierta prioridad en algunas circunstancias”, como lo define la consultora empresarial con enfoque de género, Mariela Borge.

De inicio, esta idea podría resultar el boleto de entrada de las mujeres a un sector corporativo donde ha costado mucho tiempo acceder. Recordemos que antaño –y desafortunadamente, no hace mucho–, las mujeres asumían cargos secundarios, de asistencia, mientras que los varones ocupaban los de mando. Hoy, muchas mujeres han tenido la oportunidad de prepararse profesionalmente para acceder a puestos ejecutivos donde han demostrado que incluso, un pensamiento femenino ante circunstancias económicas, es deseable frente a retos de la magnitud de los asumidos por Angela Merkel, Margaret Tatcher, Michelle Bachelet o la mismísima Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional.

Pero ¿qué es lo que escuchamos cuando tenemos que tomar la decisión de elegir a alguien que nos represente en una Institución? Y no hablo solo de las mujeres sino de la sociedad en su conjunto, que expresa frases como las siguientes: “¿Estamos preparados para que nos represente una mujer?”, “¿No se la ‘comerán’ los otros?”, “¿Podrá con la responsabilidad?”.

Lo cierto es que ante esos comentarios yo pienso en lo que decía Platón, en su república ideal aristocrática: “gobierna el más sabio”. Eso es todo. En dicha afirmación, el filósofo no hizo una distinción entre hombres y mujeres, aunque bien sabemos que en aquel momento el pensamiento estaba enfocado en los hombres; pero su expresión fue clara y dejó por sentado que la sabiduría es lo que buscamos los hombres, como especie, para ser dirigidos.

Esto nos lleva al plano de la igualdad. Todos los seres humanos tenemos un cerebro y una conciencia, y podemos desarrollar sus capacidades por medio de pensamientos, experiencias y conocimientos, sin connotación de género. El obstáculo es demostrarlo. Para ello, las mujeres necesitamos puertas abiertas, pero sin cuota de género, porque eso discrimina en lugar de beneficiar.

Si las mujeres nos consideramos personas que requerimos de concesiones para llegar a donde queremos, no cambiaremos nunca la visión de respeto que merecemos a nuestras capacidades. No se trata de un tema de equidad, se trata de un tema de igualdad, del derecho que tenemos todos, hombres y mujeres por igual. Solo coordinando esfuerzos, hombres y mujeres podremos crear mejores corporaciones con un enfoque de sostenibilidad.

Tener una garantía de género en las organizaciones no soluciona ningún problema y, por el contrario, se convierte en una batalla campal entre hombres y mujeres, porque ambos se necesitan y complementan para trascender. Yo me pregunto, ¿Acaso todas las mujeres quieren acceder a puestos directivos? ¿Será que todos los hombres desean ser líderes en sus empresas? No. Cada uno tiene el derecho a desarrollarse como mejor le convenga y bajo sus respectivas aptitudes. No generalicemos, la igualdad no es eso, es también aceptar las diferencias y respetarlas.

¿Es válido asumir que la equidad se basa en una cuota de género?

Definitivamente, no. Nada que nos lleve a la discriminación es válido, menos aquello que nos asume y ubica socialmente como el “género rezagado”. Cambiar el punto de vista es ver el panorama distinto. El pensamiento femenino en la toma de decisiones a corto y a largo plazo, difiere del de los hombres y es valioso en sí para ciertas áreas corporativas. Nuestra naturaleza nos da fortaleza y el reconocimiento de esta esencia da un valor sostenible a las organizaciones. La igualdad es lo deseable, la equidad no es más que el punto de partida para cambiar esa visión, pero no es el fin.

Como bien dice Magda López, CEO de Renault en México, “La inclusión de mujeres no es una concesión, es una competencia equitativa”.

Me uno a su comentario.

Laura Montes Bracchini

 

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23 de noviembre de 2021


Laura Montes Bracchini es una abogada mexicana especializada en derecho corporativo y derecho informático, enfocada al compliance corporativo en empresas listadas y la gestión de protección de datos personales como pilar de desarrollo social (ASG) y de derechos humanos al interior de las corporaciones.

Es egresada de la Facultad de Derecho de la UNAM y tiene una maestría en Derecho de las Tecnologías de la Información y Comunicaciones por el Centro de Investigación e Innovación en Tecnologías de la Información y Comunicación (INFOTEC). También ha cursado estudios en Privacidad, Regulación y Gobernanza de Datos.

Es vicepresidenta de la Asociación Mexicana de Biometría e Identidad (AMBI) y miembro del Comité de Tecnologías de la Información y Comunicación y Protección de Datos Personales de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa (ANADE). Actualmente es Directora Jurídica de Fibra Educa, primer Fideicomiso de Inversión en Bienes Raíces en México listado en la Bolsa Mexicana de Valores, enfocado al sector educativo y es Secretaria de su Comité Técnico y Comités Intermedios.

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