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El reto de los abogados en 2020: La innovación. A cargo de Isabella Galeano

 

Empieza un nuevo año y con este vienen las ganas de alcanzar nuevos objetivos y afrontar retos que nos hagan crecer personal y profesionalmente. 2019 ha sido un año marcado tanto por los movimientos de consolidación del sector legal, como por la aparición de normativa dirigida a dar un cauce más garantista a la creación y desarrollo de soluciones tecnológicas, especialmente cuando interviene la inteligencia artificial.

En este contexto, ¿qué reto debemos afrontar los juristas? Si has llegado hasta aquí es porque crees en el derecho, la justicia, y en el poder de la innovación: ya sea a través de la tecnología (como promueve el Legal Tech) o a través de la adopción de nuevas estrategias empresariales, acompañadas por un cambio de mentalidad.

Si te soy sincera, mi visión sobre la innovación está profundamente marcada por la experiencia práctica y la perspectiva empírica. Innovación es sinónimo de creatividad experimental. Por esta razón, para mi, el verdadero sentido del Legal Tech es poder adoptar herramientas útiles en el día a día de la práctica jurídica. Los debates sobre innovación pierden toda su importancia si no se produce un cambio real y profundo en esta industria.

¿Cómo podemos implantar este principio de creatividad experimental en el sector legal? Empezando por formularnos las preguntas adecuadas. La innovación comienza con la mirada. Es difícil imaginar las circunstancias, procesos, funcionamiento de un equipo legal o la prestación de servicios jurídicos de una forma diferente porque nuestro razonamiento, capacidad de análisis y percepción cognitiva están basadas en el status quo, en las circunstancias que nos rodean, en las rutinas que condicionan nuestro día a día.

Nuestra capacidad de imaginar se alimenta en gran medida de lo que vemos, de la mirada que posamos sobre los hechos que deseamos modificar. Por eso, es tan importante, especialmente en procesos de digitalización e innovación en ámbitos tan tradicionales como el legal, tomar distancia de uno mismo, de la forma en que siempre se han hecho las cosas y empezar con una tabla rasa para empezar a construir. Se trata de descubrir como nos gustaría que fueran las cosas si construyéramos el sistema desde cero, en lugar de intentar apedazar la realidad en la que nos encontramos. Una vez hemos construido esta visión “cero”, esta versión ideal del sistema, podemos ver que cambios son necesarios en el sistema actual para acercarnos a la situación idílica.

Este ejercicio, con frecuencia, ofrece descubrimientos inesperados. Por ejemplo, uno de los cambios de perspectiva que más puede beneficiar y reforzar la capacidad de innovación legal, es la actualización del concepto mismo que se tiene de la labor que desarrollan los abogados, ya sea dentro de una empresa o como asesor externo trabajando desde un despacho. Este tránsito requiere dejar de ver a los equipos legales como una función de soporte para pasar a verlos como una ventaja competitiva empresarial que beneficia al negocio en su conjunto. O como lo diría uno de mis antiguos clientes, “go from no, to growth”.

La clave de la innovación está en la ejecución y si a veces parece que los cambios no se están produciendo o que operan muy lentamente, es probablemente porque la implementación de cambios estructurales conlleva tiempo, recursos personales y financiación. En la mayoría de ocasiones mucho más tiempo, dedicación y dinero del que se había previsto inicialmente.

Asumir el reto de la innovación y llevar a cabo estos procesos de cambio, exige un alto grado de compromiso en los abogados que emprenden este camino. ¿Cómo contagiar este compromiso a otros juristas? Huyendo de los lugares comunes, las grandilocuencias y la ambigüedad.

Las palabras “cambio” e “innovación” están probablemente en el top cinco de las palabras más manidas por líderes de pensamiento y líderes del mundo empresarial… Este efecto de agotamiento lingüístico hace que en muchos colectivos (como en la abogacía) las personas dejen de escuchar en cuanto oyen un nuevo discurso sobre la necesidad de cambio e innovación. Percibiéndolos como recursos retóricos, palabras de moda que no generan un impacto tangible más allá de aspectos superficiales.

Para resultar verdaderamente inspirador y generar acciones sostenidas a lo largo del tiempo, lo mejor es compartir ejemplos concretos, manifestaciones reales del cambio que intentamos impulsar. Una vez más, se trata de adoptar una visión de la innovación anclada en lo concreto, en lo práctico. Abandonar el humo.

Este proceso requiere alimentar la creatividad, abrir las puertas a la creación de nuevas ideas y sistemas. Para conseguirlo, debemos osar plantear nuevas preguntas que despierten nuestra imaginación. Por ejemplo ¿cómo sería un mundo sin abogados? ¿Es posible un mundo sin abogados? ¿Es posible un mundo sin jueces? ¿Sin notarios? ¿Cómo será el rol de los abogados dentro de 50 años?

Se trata de dejar a un lado ideas que otorgan a los juristas el monopolio de la interpretación de la ley y la aplicación del derecho y atreverse a contemplar otras soluciones.

Poco a poco, estas reflexiones inverosímiles dibujarán patrones que apuntarán el camino a seguir si queremos renovar en profundidad la prestación de servicios legales y adaptarla a la nueva realidad digital.

El reto de los juristas este 2020 es ejercer la audacia de pensar distinto, perseguir la creatividad en los lugares más insospechados y a través de la experiencia creativa construir innovación y soluciones que refuercen la esencia de lo función legal.

Isabella Galeano

7 de enero de 2020


Imagen de la autora Isabella Galeano

«Isabella Galeano es la fundadora de The Technolawgist. Es abogada, consultora en legal tech e innovación legal, profesora de la Facultad de Derecho de Esade y creadora del podcast The Quirky Lawyer.

Su propósito es contribuir a la transformación del sector legal e inspirar a abogados alrededor del mundo.

En 2010 se licenció en Derecho en la Facultad de Derecho de Esade. Ha ejercido en los departamentos de mercantil de Freshfields Bruckchaus Deringer, Gómez-Acebo y Pombo y Uría Menéndez. Además, ha trabajado en los departamentos legales de Nike y Medtronic.

En 2018 se graduó del master en Derecho (LL.M.) de la Universidad de Georgetown (Washington, DC) donde obtuvo conocimientos y experiencia sobre legaltech, fintech y el mercado digital y en julio de 2018 aprobó el Bar de Nueva York.»

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