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¿Cómo podemos mejorar la formación de nuestros abogados en prácticas? A cargo de Óscar Fernández León.

Desde principios de julio me encuentro en la ciudad inglesa de Sheffield (Yorkshire) colaborando profesionalmente con un abogado inglés o barrister, colaboración que llevaré a cabo durante los dos meses que permaneceré en la ciudad. A través de esta práctica, pretendo profundizar en las técnicas de litigación observando en sala la intervención de estos profesionales, y compartiendo experiencias en su despacho (Chambers) con el fin de obtener ideas frescas en materia de organización y gestión de despachos.
Tras unos días viviendo esta experiencia, una de los aspectos de la práctica profesional que más me han llamado la atención es la figura del pupillage, un modelo aprendizaje de los jóvenes barristers que, siendo diferente a la de los estudiantes de grado, master o recién colegiados españoles, puede aportarnos interesantes ideas para mejorar la calidad de la formación que ofrecemos a aquellos que, por una u otra razón, se incorporan a nuestros despachos a realizar sus prácticas.

Sustancialmente, el pupillage es la fase final de formación para ser un barrister. El pupillaje, que suele durar un año, se divide en dos periodos de seis meses conocidos como sixes. Cada six se completa en un despacho de barristers bajo la supervision y guía de un barrister  de al menos cinco años de experiencia (pupil supervisor). Durante los primeros seis meses, el pupil observará y asistirá al supervisor (shadowing), lo que supone acompañarlo a juicio y asistir a conferencias y reuniones, realizar investigaciones, leer y redactar documentos, empapándose de todos sus conocimientos etc.

Si se completa a satisfacción el primer periodo, el pupil obtendrá un certificado sobre su capacidad de asesorar a clientes y llevar asuntos personalmente, pudiendo oficialmente comenzar la práctica profesional. Destacar finalmente, que si el trabajo desarrollado por el pupil atrae al despacho, este podrá ofrecerle un lugar en la Chamber, convirtiéndose en tenant.

Expuesto lo anterior, a continuación me gustaría destacar algunos aspectos del pupillage (en adelante emplearé los términos pupilaje, pupilo y supervisor) que los abogados españoles podemos aprovechar para mejorar la calidad de nuestros procesos formativos.

En primer lugar, hay que destacar que el abogado supervisor está totalmente comprometido con la necesidad de formar eficazmente al pupilo, considerando dicha tarea como una más, y no menos importante, de todas las que realiza a diario, pues se considera que el pupilaje es un medio para alcanzar una abogacía más preparada y mejor. De ello se deriva que, en su agenda, el supervisor dedicará el tiempo necesario a dicha actividad.

El compromiso, por tanto, es clave, y este compromiso tiene como objetivo proporcionar a los pupilos una sólida formación práctica jurídica que les permita asentar y clarificar los conocimientos, de modo que les aporten seguridad y confianza para el ejercicio de la profesión, y potenciar al máximo sus talentos y habilidades personales.

Igualmente, hemos de destacar la exigencia autoimpuesta por el despacho, de que el pupilo se sienta con derecho a participar y colaborar en el mismo con absoluta libertad como un miembro de la firma. Durante su estancia, por tanto, el pupilo es un miembro más de la familia.

Partiendo de dicho compromiso, el despacho establece todo un operativo para que el joven abogado pueda llevar a cabo su formación con todas las garantías, destacando entre las medidas generalmente adoptadas, las siguientes:

  • Establecimiento de un programa formativo específico que se da a conocer al pupilo.
  • Entrega a la llegada del pupilo de una carta de bienvenida en la que se informa sobre diversos aspectos de la organización del despacho (personas, horarios, reglas de conducta, etc.).
  • Presentación personal del pupilo a todos los miembros del despacho.
  • Invitación a reuniones informales de los miembros del despacho para que se familiarice con los mismos (almuerzos, cenas, etc.).
  • Nombramiento de un abogado supervisor.
  • Rotación de supervisores que trabajen en otras especialidades para que el pupilo disponga de una visión de diversas materias.
  • Durante las salidas del supervisor, el pupilo lo acompañará continuamente, observando y aprendiendo de aquél.
  • Revisión continua del trabajo del pupilo y retroalimentación para que este conozca su progreso.
  • Acomodación del pupilo en el despacho del abogado supervisor, sin perjuicio de la posibilidad de que emplee libremente otras estancias (salas de juntas, bibliotecas, etc.) para profundizar en su trabajo.
  • Facilitar al pupilo acceso a todos los dispositivos tecnológicos que faciliten su trabajo.
  • Fijación de unas expectativas claras en cuanto a la jornada, vacaciones, posibles tareas, etc.
  • Finalmente, destacar que hay cuatro áreas las que se dirige prioritariamente la formación: conducta y etiqueta, práctica en los tribunales, conferencias y negociaciones, y redacción de documentos e investigación legal.

Soy consciente de que la figura del pupilaje hoy analizada no coincide con las prácticas que desarrollan los estudiantes y graduados en nuestros despachos, sin embargo, considero que algunas de las prácticas formativas indicadas sí pueden ser de utilidad para organizar las acciones formativas en nuestros despachos. Por ello, espero que esta colaboración con A definitivas os ayude a reflexionar y, a vuelta de las vacaciones, os animéis a poner algunas en práctica.

¡Y ahora, a descansar y a disfrutar del Verano! (a los que le toque ).

 

Atte. Óscar Fernández León, Abogado, Socio Director de LEONOLARTE.

Palma, 30 de julio de 2019

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