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«Cuando mayor es la lucha, más glorioso es el triunfo”. Entrevista a la criminóloga y mediadora Laura Marqués Pellejà

«Cuando mayor es la lucha, más glorioso es el triunfo”

ENTREVISTA A LA CRIMINOLOGA Y MEDIADORA LAURA MARQUÈS PELLEJÀ

Por Gloria Pazos . Abogada y mediadora. www.gloriapazos.com

Laura es mediadora, criminóloga, una profesional implicada en la justicia restaurativa que sigue paso a paso aportando su granito de arena en cada reto profesional para introducir técnicas que faciliten la resolución de conflictos, y aunque el camino en ocasiones no es fácil, le gusta verlo tal y como el Sr. Méndez se lo explica a Will en El Circo de las Mariposas “cuando mayor es la lucha, más glorioso es el triunfo”.

@culturamediadora

¿Como te gusta que te identifiquen Laura, como criminóloga, mediadora…? Cuéntanos tu trayectoria.

Parece una pregunta fácil. No lo es. La criminología, poco conocida o más bien poco comprendida (especialmente en España), necesita aún de difusión para que se entienda mejor su utilidad y necesidad. El estudiantado y los criminólogos/as en ejercicio saben cómo de difícil es encontrar un hueco en el mundo laboral donde se tenga en cuenta esta ciencia y se la respete sin necesidad de acompañarla de otros grados. Porque sí, la criminología es una ciencia en sí misma y somos expertos en algunos campos en los que hoy trabajan profesionales de la psicología, el trabajo social o juristas.

Por todo esto y porque no dejo de poner en práctica conocimientos que adquirí en mi etapa universitaria, me cuesta no especificar mi formación y me gusta considerarme criminóloga. No obstante, siento que mi faceta mediadora es igual de importante, nunca queda relegada a un segundo plano. Si siempre me ha llamado la atención todo lo que se pueda relacionar con el mundo delictivo, penal o penitenciario, la magia de la mediación me hizo entender mejor el efecto de la justicia restaurativa y, aunque laboralmente he dado muchas vueltas y aún me quedan, siempre me acompaña. Si me preguntan, soy criminóloga y mediadora. 

La magia que se da en las mediaciones la descubrí en las prácticas del Máster en Mediación de la BSM como mediadora penal en los juzgados de Badalona y la Ciutat de la Justícia para la fundación AGI, gracias a una mediadora increíble que me tutorizó.  Cuando más tarde me mudé a Mallorca, un equipo de mediación me acogió en su servicio de mediación intrajudicial y aprendí que, aunque al margen del ámbito penal, los encuentros restaurativos seguían teniendo lugar. La mediación es restaurativa. Y esto es lo que quise transmitir en mis talleres a la población reclusa cuando trabajé en Puig de les Basses. Allí, aunque pude llevar a cabo alguna que otra mediación entre internos, creo que lo más importante que hice fueron los talleres sobre mediación y convivencia en los que hablábamos de los principios de la mediación, de las técnicas mediadoras o de su utilidad y beneficios. Además, algunos días las sesiones del taller pudieron parecerse a un “caucus individual colectivo” en el que trabajábamos reconocimiento y empoderamiento. Además, los que llegaron a confiar en el grupo, el espacio y su confidencialidad tanto como para contarme algunas de las controversias que allí se daban o los conflictos internos a los que se enfrentaban, pudieron analizar desde la óptica mediadora su posición en dicha situación.  

Actualmente y desde hace un año, trabajo como Técnica de Acción Social en el Ajuntament de Salt y debo decir que me encanta. Mientras esperaba la compatibilidad me he centrado en otras cosas y no he podido darle caña a la divulgación de contenido ni a las mediaciones como tal. Solo hace unas semanas que se me ha concedido así que pronto volveré al ruedo. 

 

Laura efectuó prácticas como mediadora penal con la Fundación AGI. ¿Qué experiencias restaurativas llevasteis acabo en los juzgados penales de Badalona y de la Ciutat de la Justícia?

Durante estas prácticas pude ayudar en la gestión de temas penales derivados al departamento de justicia restaurativa. Fue muy enriquecedor poner en práctica lo aprendido tanto en el Máster cómo en el Grado, preparando y ejecutando junto con la mediadora a cargo las sesiones de mediación para ayudar y guiar a las partes a encontrar un acuerdo favorable para ambas, aunque no siempre se llegara a ese fin.

Las experiencias que allí tuve fueron reveladoras para mí. Aprendí a no incomodarme cuando las personas lloran, a darle lugar al silencio, a escuchar mas allá de las palabras y a entender a las personas. De hecho, puede ser que aceptar las decisiones de las partes fuera mi mayor hazaña durante esas prácticas. 

Llevamos un caso que al que no podía dejar de darle vueltas incluso por la noche. Se trataba de unas denuncias cruzadas por lesiones entre dos chicas desconocidas. Las sesiones de mediación siempre fueron individuales por la reticencia de una de ellas a encontrarse con la otra. A pesar de esto, descubrimos y descubrieron que tenían mucho en común, una historia personal parecida y marcada por la violencia y por este motivo llegaron a empatizar, escribirse y disculparse. Por desgracia, no se llegó a un acuerdo ni pudimos celebrar una sesión conjunta. La parte que tomó la decisión de dejar la mediación y seguir con el juicio, nos verbalizó que lo hacía para conseguir la indemnización que deseaba (y que la otra parte no podía pagar en ese momento), porque temía que si se reunían le pudiera perdonar dicha cantidad o llegar a otro tipo de acuerdo. 

Yo veía un acuerdo fácil y mejor para las partes, puesto que la parte que quería permanecer en el proceso de mediación estaba dispuesta a pagar a plazos y a adaptar sus posibilidades a resarcir el daño causado. No obstante, comprendí aquello que decían mis profesores: “nadie sabe mejor que las partes, el desenlace que quieren para sus conflictos”. Y a pesar de parecer un caso de mediación fallido, ambas agradecieron el espacio y nuestro trabajo. Se reconocieron una a la otra, se empoderaron y la forma en que vivieron su experiencia judicial a partir de aquí, mejoró considerablemente. 

 

¿Crees que los litigios son conflictos entre partes rediseñados por sus abogados y contextualizados en un marco legal, como expuso Raquel Alastruey (2019) y según tu experiencia, qué ventajas ofrece la mediación y justicia restaurativa ante conflictos penales y penitenciarios?

La mediación penal tal y como se plantea dentro del marco de justicia restaurativa, es una opción que completa el derecho de acceso a la justicia y tutela judicial efectiva. En esta línea, puesto que es una herramienta de dicha justicia restaurativa, sus objetivos convergen o así debería ser. Este tipo de mediación, se basa en la posible reparación a la víctima mediante un proceso participativo con mirada al futuro que da la oportunidad al victimario de actuar en positivo.

Las víctimas obtienen respuestas que de otro modo no podrían obtener y viven la experiencia de una forma que puede ayudarles en su proceso de sanación como ser escuchadas, comprendidas o apoyadas. Algunas veces ser parte activa del proceso les ayuda a dejar de tener miedo, resignificar lo ocurrido o perdonar. 

Los victimarios muchas veces tienen la oportunidad de reparar y superar la culpa, de desarrollar nuevas habilidades como la empatía y humanizar los hechos. Poner cara a la víctima les ayuda a identificar los hechos con sus consecuencias directas, a responsabilizarse, a entender el daño.  

De esta forma, la mediación penal no puede entenderse cómo produccionista de acuerdos pues la justicia restaurativa no va de eso. Va de cuidar a la víctima para que no sufra una victimización secundaria o reiterada, y también va de dar voz al victimario para comprender, sanar, comprometerse a reparar y crecer. Nada que ver con el modelo Harvard. Está más enfocada a un estilo transformativo con el uso de técnicas circulares. 

Por otro lado, y siguiendo con la pregunta, el medio penitenciario tiene características muy distintivas: la restricción de libertad, la reclusión en un espacio limitado, la convivencia obligatoria, la pérdida de intimidad y la masificación. El conflicto puede generar violencia y, claramente, el entorno penitenciario facilita un ambiente hostil. 

Aunque la mediación se adoptó como método de resolución de conflictos entre internos en algunas prisiones de España por primera vez en 2005 por asociaciones voluntarias, mi experiencia me ha mostrado que no está extendida ni bien utilizada. No hay profesionales dedicados a la mediación de conflictos en los centros penitenciarios catalanes de forma fija y exclusiva. Se dice que existe la mediación penitenciaria pero muchas veces consiste en una charla seguida de un castigo a modo de tarea con la que se resarce el daño. Por ejemplo: un interno comete una falta leve o poco grave y se le castiga limpiando los cristales durante un mes. 

Si bien es cierto que hay mediadores/as interculturales que trabajan entre otras cosas, para una mejor convivencia, la realidad es que poco tiene que ver con la mediación entre internos. En la práctica, hay veces es el propio funcionariado que intenta reconducir estas situaciones de conflicto antes de su fácil escalada. 

Por cierto, siempre hablo de personas adultas, la mediación penal juvenil es otro mundo. 

 

También has trabajado como técnica animadora sociocultural de forma temporal en el Centro Penitenciario Puig de las Basses, dónde nos consta has puesto en práctica técnicas de mediación y justicia restaurativa. ¿Cuáles crees que pueden ser técnicas de mediación aconsejables para una intervención en centro penitenciario, ya sea de mediación penitenciaria como de medio restaurativo para resolver disputas dentro del centro?

Bien, pude poner en práctica muchas. Mi top 3 diario fueron: la escucha activa, el parafraseo y el reencuadre. Aunque también trabajé mucho con la legitimación, las preguntas exploratorias y transformadoras, el empoderamiento y el reconocimiento. También trabajé con la pregunta milagro y el test de Thomas-kilmann para tomar conciencia sobre como actuaban ante un conflicto y como podrían manejarlo mejor. 

De hecho, en uno de los módulos incluso diseñamos conjuntamente con el grupo de internos un proyecto de mediación para que ellos mismos pudieran autogestionar conflictos antes de que llegaran al funcionariado. Aunque nunca tuvimos la oportunidad de llevarlo a cabo cuando me fui, lo tengo guardado. Es un recuerdo bonito y… nunca se sabe. 

 

¿La mediación puede prevenir el conflicto, o es necesario aprender a convivir con la controversia?

No creo que el conflicto pueda prevenirse, aunque sí su escalada, su estancamiento o incluso el apego que genera a las personas que implica. 

Vivimos en la diversidad. Hay muchas formas de entender la vida y vivirla, hay gran variedad de opiniones, pero lo importante es que vivimos en medio de una increíble pluralidad de intereses, por lo que es fácil que los de una persona entren en conflicto con las de otra. Es fácil, normal y natural. El conflicto es inherente al ser humano, de hecho, ¿no tienes tú conflictos contigo misma? ¿no has sido nunca incoherente con tus propias palabras y actos? ¿o con tu yo de hace un par de años?

Debemos asumir que la controversia está asegurada y que aprender a entender los intereses que se encuentran ocultos en la posición de las personas nos ayudará a conseguir satisfacer los nuestros. ¿Qué puedo hacer yo para salvaguardar el interés del otro sin dejar huérfano el mío? Aunque pensemos que no suele ser compatible, muchas veces lo es. Y esto es lo que hacemos en mediación, analizar las posiciones de las partes y lo que hay debajo, sus intereses (temores, deseos, motivaciones, expectativas, aspiraciones, necesidades…) para poder guiar a las partes a dejar atrás la mentalidad de suma 0 y lograr sus objetivos correspondientes. El win-win, que decimos. 

 

Para que la sociedad sane y gestione de manera eficaz sus conflictos, ¿qué propondrías?

El conflicto es una realidad que se encuentra en nuestras relaciones intrapersonales e interpersonales y tiene una carga subjetiva. Entonces, la mejor estrategia para gestionar esta carga subjetiva es dar importancia a la educación emocional y a la salud mental. 

La gestión de emociones es la gran olvidada y es una habilidad necesaria para la vida y para la resolución y gestión de nuestros conflictos. ¿No hemos oído veces decir: “me da igual si gano, quiero que el otro pierda”? Esta fórmula puede satisfacer momentáneamente a alguien, pero es ineficaz a medio y largo plazo. Tú seguirás sin tener lo que quieres y la otra persona seguirá con su vida. 

Una sociedad sana emocionalmente y educada en la gestión de emociones será capaz de lidiar mejor con el conflicto y enfocarse en sus objetivos e intereses sabiendo que cuando mas grande se haga el pastel, mas grande será el trozo que podrá comer. 

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