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Instagram y su uso para la marca personal de un abogado, a cargo de Andrea Mendiola

Todos tenemos nuestra parcelita en las redes sociales. Es nuestro territorio soberano, hacemos y deshacemos, subimos contenido, nos enteramos de las noticias que nos importan (y algunas que no tanto) y colgamos nuestras fotografías en las cuales salimos más favorecidos… ¿pero es este el único objetivo de las redes sociales?

Hoy os vengo a presentar nuestro amigo que abrimos y cerramos como diez veces al día: INSTAGRAM. Lo usamos para subir selfies, fotos de mascotas y algún que otro viaje, ¿pero hay más allá en la red social más usada a día de hoy?

Acompáñeme lector a descubrir lo que puede hacer Instagram también para nuestra vida profesional, y para ello, déjenme que les presente mi historia. Hace escasamente un año que empezó mi aventura con Instagram. Solía ser de aquellas personas que reusaban de las redes sociales, me provocaba vergüenza subir fotos de mí y nunca he salido muy favorecida en los selfies. Pero había un mundo por explorar, todos mis compañeros hablaban de sus contenidos, de los likes y los memes, así que me embarque en la misión de tener un perfil de Instagram.

El primer paso era escoger un nombre de usuario que me describiera: Tenía la oportunidad tanto de ponerme un nombre impersonal (como sería el caso de @jovenjurista) como de escoger el mío propio. En ese momento me alerté a mi misma sobre qué marca quería vender, y elegí mi propio nombre, dado que sería yo quien creara el contenido y con orgullo de autoría, y así lo hice.

Una vez creado el perfil pensé ¿qué me gustaría a mí ver en las redes sociales que, a poder ser, se relacionara con mi profesión? Siempre he sido una fan acérrima del humor, tanto del absurdo como el ácido y qué mejor que empezar a subir memes sobre Derecho. La siguiente pregunta fue que cuáles iban a ser mis espectadores, y, según las propias estadísticas que nos proporciona la red social, la mayoría de usuarios tiene una edad comprendida entre los 18 y 40 años (“¡Genial!”, pensé, “¡Yo también tengo entre 18 y 40!”: soy fácil de entusiasmar). Así que ya tenía un contenido que crear y unos espectadores que potencialmente podrían verlo. Y comencé con ello: escogí un color que se relacionada conmigo y con el Derecho (el azul) e hice que todos mis highlights (fotografías destacadas) también fueran del mismo color. Escogí qué hashtags tendría mi biografía de Instagram y comencé a lanzar memes. A día de hoy, acumulo un total de 16.5K followers y recientemente me han hecho saber que soy la segunda influencer en el mundo del Derecho en España ¡todo un logro que jamás imaginé!

Y es ahora cuando comparto las formulas con las que he experimentado éxito y aquellas con las que no. Y para ello, empezamos con la lista de Do’s y Dont’s.

DO’S.

Recuerda, instagrammer, cuál es tu target, es decir, a quién o para quién vas a querer subir contenido y con qué finalidad. En mi caso, mi objetivo era atraer al público jurídico a fin de que luego eso se viera reflejado en más alumnos para los cursos de derecho que ofertamos desde mi organización «Joves Juristes de Catalunya». A mi público le va a gustar que suba humor de estudiantes y humor relacionado con el ejercicio de temprana edad; también alguna crítica a las prácticas no remuneradas y al sistema de becariado, algo con que ellos pudieran sentirse indentificados, y una experiencia que yo misma conocía. Así que primer paso para ser un buen instagrammer es reconocer tu target y hallar los contenidos que van a querer ver.

Ahora que ya has determinado aquello que vas a publicar, una de las notas de éxito será que lo hagas con asiduidad. Los followers no perdonan y me han llegado a penalizar si durante más de dos días seguidos no subía algún contenido que fuera de su interés. Constancia y perseverancia es la clave para esta red social.

Comprendiendo el nuevo algoritmo de Instagram, comprendes el mundo. Ahora la afinidad de contenido es lo que prima y por ello, nos aprovecharemos y subiremos nuestras stories con hahstags, para tal de que lleguen a más gente: ya no importan tanto las horas de publicación sino como relacionamos nuestro contenido.

· Como todo en la vida, en la moderación y el punto medio está la perfección: Subir fotos es correcto como mucho una vez al día, tus seguidores deben pensar que también tienes una vida apasionante detrás de la pantalla (porque la tienes, ¿no?). Además, muchas de las fotos adicionales a esa primera, y debido al nuevo algoritmo de Instagram, casi pasarán desapercibidas. También me atrevo a aconsejarte el subir entre 1 y 4 stories al día (aquellas fotografías que desparecen a las 24 horas) dado que así mantienes a la audiencia atenta de lo que subirás pero sin recargar de sobreinformación a tus followers.

Tus followers reaccionan a tus publicaciones. Eso es maravilloso y debemos aprovecharlo. Siempre debemos contestar a los mensajes o a las reacciones que envíen, nos van a ayudar a comprender que gusta y que no, y además, a conocer personas con las mismas inquietudes que tu y, por tanto, también los potenciales clientes de tus productos. Incluso, ellos mismos te irán dirigiendo y te pedirán contenido interactivo. Y es que al final, a esto lo llaman una red social por algo: La gente no quiere nuevos famosos y famosas de estilo televisivo y mensajes unidireccionales como llevamos teniendo todo el s. XX.

En Instagram, y ya lo habrás podido ver en muchos de los consejos anteriores, se busca y se valora entrar a formar parte de tu vida, conversar contigo, responder a encuestas, hacerte preguntas y, en definitiva, relacionarse contigo. Puede que pienses que es imposible interactuar con 16K/+ followers… ¿pero entonces, para qué los quieres? Hay muchas vías ya existentes para dar mensajes unilaterales a una audiencia fiel: Está la tele, los periódicos, los partidos políticos… Las redes sociales actuales postulan otro tipo de “fama”, quizás más lógica, basada en que verdaderamente se forme una comunidad real (si bien virtual) a tu alrededor. Premian el engagement, y eso las hace mucho más cercanas a tu experiencia vital diaria, más realistas: Si tus amigos, colaboradores y conocidos, no te perdonarían que les ignoraras por sistema ¿por qué iba a hacerlo tu público?

En la misma línea: El movimiento crea atención, y hay cosas que no se pueden resumir en una foto y dos líneas de texto. Por eso, utiliza vídeos: Aunque muchas veces tendrán menos impresiones (nº de visualizaciones) que tus fotos y stories normales, al exigir una atención más seguida y durante mayor tiempo del usuario (v. más adelante “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”), te ayudarán a demostrar familiaridad, confianza con tu público, ganas de darle profundidad a veces a las cosas y contárselas como se merecen. Aunque recibirán menos likes e interacciones que otras publicaciones, te darán grandes pistas sobre cuál es el núcleo de tu público más fiel, y conocerles más para poder adecuar el resto de tu contenido.

Ahora, lector, vamos a analizar que es aquello que no deberemos hacer:

Los DON’TS.

En primer lugar: Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Los usuarios de instagram lo consumen mientras vas caminando por la calle, en el transporte público o mientras se toman un café. Piensa que, antes de hacer de ello parte de tu trabajo (como supongo harás al terminar este artículo), e incluso después de ello en muchas ocasiones, esos son los mismos momentos que tú usas para publicar, responderles e interactuar con ellos. Por tanto, es de pura lógica que los contenidos deban ser livianos y fáciles de comprender: Trataremos de huir de la complicación pictórica agregando muchos gifs o colores en nuestras publicaciones así como de mucho texto. Mensajes sencillos, claros, directos y potentes son la clave en todo tipo de lenguaje, más aún en el registro gráfico y de consumo rápido que tiene lugar en Instagram.

Y ahí es donde volvemos a nuestro punto anterior: Las Redes Sociales son eso, sociales. E Instagram es el epítome de esto: Por eso, a mi parecer, se trata de la red social menos protocolaria que existe. Debemos comprender que escapar de la seriedad propia de otras redes sociales nos ayudará a sumergirnos en su mundo. Poner hashtags muy usados, hacer bromas, subir fotos poco profesionales nos ayudará a crear cercanía con los usuarios, y además nos será más cómodo, fácil y natural que realizar tan solo publicacionesde estudio” con fotos magníficas, horarios planeados y copy-writting digno de la mejor agencia de marketing de Mad Men.

A Instagram, como a todos nosotros y nosotras, le gusta el famoso “un poco de todo”: Si tu perfil es muy profesional, a tus followers también le va a interesar como estás en la oficina, en qué casos estás trabajando, cómo vas al curro o qué haces para el after-work. También si hoy tienes la cara de cansado o si te ha hecho reír algún meme por la red.

¡Ser abogado no está reñido con tener sentido del humor ni con tener vida personal! Por eso, y como en la vida real, debes guardar cierta proporción y naturalidad: Si solamente subes fotos de trabajo, parecerás un/a workaholic asocial, y a nadie le gusta eso (a ti tampoco, y lo sabes: Sal a tomarte una birra, anda, que ya toca); si pierdes la compostura constantemente y tan solo publicas stories de fiesta o memes, no te tomará en serio nadie excepto los amigos y amigas adolescentes de tu primo pequeño, ese que va con la motillo tuneada sin tubo para hacer más ruido.

En definitiva, lo que busca la gente en Instagram es ver personas reales con vidas interesantes y “sin filtro” (o que parezca que el filtro es lo de menos): Y eso tal vez puede fingirse, pero yo no tengo ni idea de cómo hacerlo. Lo mejor es quitarse de encima los complejos y mostrarse (aunque evidentemente con un toquecito de maquillaje y postureo que todos y todas tenemos siempre) tal y como uno/a es, atreverse a sacar esa story haciendo el tonto a la salida de la ofi, o levantando hierros en el gym con cara de ir a morirte, para luego compartir orgullosa los resultados en verano. Si lo haces, te darás cuenta de que tu vida mola más de lo que pensabas a medida que suban los followers, y si no lo hacen te hará replantearte ciertas decisiones vitales ¡yo misma lo he hecho en cierta medida!

Por eso mismo, no pierdas de vista las colaboraciones: En Insta, 1+1 no son 2, sino 3, 4, o 7. Como en la vida real, unir fuerzas con perfiles similares no suma ¡multiplica! Igual que cuando montas una fiesta con un amigo podéis aspirar a que vengan todos tus amigos, más los suyos, más los amigos de vuestros amigos, ampliando muchísimo el potencial público (y la posibilidad de que tu casero no te devuelva la fianza), hacer publicaciones, stories en conjunto, y todo tipo de material compartido aumenta el alcance de ambos perfiles al permitir a los seguidores de ambos ver el contenido y por tanto, posiblemente, acceder al resto de vuestros perfiles.

En el mismo sentido y creo que sobra decirlo, y como en la vida real, juntarte con quienes no te convienen tendrá el efecto contrario, por más potentes que seáis los dos perfiles (y esto muchas veces no lo comprenden las grandes marcas): Si te dedicas a prestar servicios letrados, tal vez una colaboración con Yvng Beef que fue contigo a primaria y es BF, por más que tenga más seguidores que tú, no sea la mejor idea (salvo si eres penalista que igual sí); si eres representante de la industria cárnica no salgas a hacer un vídeo con el PACMA (excepto si te van a apoyar porque realizas cría ecológica en libertad y demás).

Muchas veces, demasiadas, se nos dice que la clave para el éxito es fingir: Mentir en el currículum, editar mucho las fotos, fingir una vida más guay en RRSS.

Frente a ese fenómeno, en contraste y como conclusión al presente artículo, lo mejor y lo peor de Instagram es su enorme similitud con la vida real. Eso es lo que hace que sea un desafío tan estimulante, que nos importen tanto los likes y los followers: Porque, en el fondo, sabemos que algo significan y que hay dos opciones para triunfar en Insta:

La primera es abrir un perfil y llenarlo de fotos preciosas en las playas de Tailandia o las Maldivas, elaboradas en estudio, con el apoyo de un equipo de Marketing y Redes Sociales y varios becarios contestando a los MDs: Puede funcionar, pero no solo te arruinará económicamente sino que no tendrá parecido alguno contigo o con tu vida y, por eso mismo, en poco o nada podrá contribuir a tu bienestar o al de tu negocio (excepto que seas una agencia de viajes o un cantante de trap, entonces prueba que igual te tira). Será tan artificial que solamente podrá existir dentro de su pequeño y creado microcosmos.

La otra opción, la auténtica, es atreverte a moverte por los sueños y la vida que quieres, y enseñárselo a tu público, que él te premie o te castigue en función de tu cumplimiento de los valores y objetivos que tú misma o mismo te has puesto y que interactue contigo de manera natural. Da un poquito de vértigo y miedo… ¿Pero no te lo dieron tu primer trabajo, tu primer beso, todas las cosas que has hecho y que valen la pena en la vida? Yo, como tú, no pensaba ser suficientemente guay para convertirme en influencer, no soy una súper modelo ni sé parecerlo y mi vida, aunque mola, es súper caótica. Al final, resultó que eso mismo es lo que me hizo tener éxito, y no puedo estar más contenta de recibir mensajes diciendo que mis problemas, mis luchas y mis éxitos, motivan a chicas jóvenes a seguir sus caminos y sus sueños: Porque sé que me lo dicen a mí de verdad, no a una versión anónima y fingida de mí. Y eso es insuperable.

¿Te atreves a intentarlo?

Barcelona, 21 de mayo de 2019

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Autora: Andrea Mendiola.

Especializada en studies of geneder por la Universidad Autónoma de Barcelona y actualmente estudiando el grado de antropología en la misma Universidad.

Trabajando en el Derecho de Consumo desde hace 3 años y con sección en radios locales y en televisión pública atendiendo a clientes en directo.

Amante y campeona de debate académico y preparadora así como formadora en oratoria en varias Universidades, Fundaciones y empresas. Enstusiasmada de la docencia en Derecho en diferentes organizaciones y másters y participando en varios simposiums sobre el ejercicio del humor para trasladar el derecho a los futuros juristas.

Cofundadora de Jovenes Juristas y docente en la misma organización.

Galardonada en 2018 como mejor mujer jurista.

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