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Comentario crítico de la Sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo 267/2019, de 13 de mayo. A cargo de Adrián Domingo Rodríguez.

AD 8/2021

COMENTARIO CRÍTICO DE LA SENTENCIA DE LA SALA PRIMERA DEL TRIBUNAL SUPREMO 267/2019, DE 13 DE MAYO.

Resumen: En el presente artículo, realizamos un comentario crítico de la STS, Sala Primera, 267/2019 de 13 de mayo, que contiene la doctrina jurisprudencial por la que se reconoce el maltrato psicológico como un tipo de maltrato de obra que, ex artículo 853.2 del Código Civil, permite la desheredación de quien haya incurrido en esta causa.

Abstract: In this article, we make a critical comment on the STS 267/2019 of may 13, which contains the jurisprudential doctrine by which psychological abuse is recognized as a type of work abuse that, through article 853.2 of the Civil Code, allows the disinheritance of who has incurred in this cause.

I.- INTRODUCCIÓN.

En el presente trabajo, vamos a realizar un comentario crítico de la sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo 267/2019, de 13 de mayo.

Empezaremos realizando un análisis sobre los elementos fácticos y la situación de hecho que se plantea ante el tribunal, después repasaremos las normas jurídicas, doctrina jurisprudencial aplicada y fundamentos de derecho empleados por el tribunal para su resolución, para terminar realizando un comentario crítico sobre la respuesta que la Sala Primera del Tribunal Supremo ofrece al problema planteado por las partes.

A título introductorio, diremos que la cuestión de fondo se encuentra en la institución de la desheredación[1], sus causas previstas legalmente y la interpretación de las mismas. Si bien conviene comenzar con un breve acercamiento al significado de la desheredación como aquel derecho del testador que, por las causas expresamente previstas en la ley[2], podrá privar de su legítima a los legitimarios que hayan incurrido en dichas causas.

Concretamente, nos centraremos en la causa establecida en el artículo 853.2 del Código Civil, que hace referencia al maltrato de obra o injuria grave de palabra como causas para la desheredación.

Dicho lo anterior, a pesar de que el Código Civil establece una serie de causas taxativas para la desheredación, que no admiten interpretación extensiva o analogía en cuanto a la posibilidad de añadir otras nuevas que no estén legalmente previstas, el Tribunal Supremo sí admite que cada una de ellas pueda ser objeto de una interpretación flexible, todo ello de conformidad con la actualidad de los tiempos y el progreso social y de las relaciones interpersonales.

Como veremos posteriormente, pero merece la pena dejar sentado en esta introducción, la sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo 258/2014, de 3 de junio[3], juega un papel fundamental en las conclusiones a que llega el Tribunal en la sentencia que analizamos en este texto. Es por ello que podemos decir que es la piedra angular del criterio jurisprudencial que se mantiene hasta el día de hoy.

Además de lo anterior, también vamos a ver cómo el objeto de la sentencia que analizamos, da pie a un análisis de carácter moral y ético que subyace en las relaciones con nuestros mayores o con aquellas personas de las que somos sucesores mortis causa, con ocasión de la herencia.

Por último, haremos una crítica relativa a determinados problemas interpretativos que, en sede testamentaria y judicial, pueden darse como consecuencia del criterio sentado por el Tribunal Supremo y que consolida una doctrina jurisprudencial de indudable trascendencia en materia sucesoria.

I.- EXPOSICIÓN DE HECHOS.

I.I.- Motivos por los que la testadora deshereda a dos de sus hijos.

El supuesto de hecho que se expone ante el tribunal es el siguiente:

La testadora, que formaliza su testamento mediante escritura elevada a documento público el día 3 de agosto de 2009, contenía una cláusula de desheredación[4] para dos de sus hijos, que se expresaba en los términos siguientes:

“[…] I. Que su hijo, Raimundo, le ha manifestado reiteradamente que está llena de maldades y brujerías, y que la casa, igual que ella, está también embrujada y llena de maldades, dejándola sola y abandonada, no obstante estar grave como consecuencia de una enfermedad crónica que padece desde hace más de diez años, que se ha ido agravando paulatinamente, causándole una movilidad muy reducida y obligándola a desplazarse en una silla de ruedas.

II. Que su hijo, Lázaro, le atribuye la responsabilidad de todos los males que, según él, ha padecido en la vida, y le niega formal y expresamente su condición de madre, careciendo de interlocución alguna con él, hasta el punto de haber intentado la testadora felicitarle el día de su cumpleaños y sufrir el desplante de que le colgara el teléfono”.

Como consecuencia de los anteriores hechos, que la testadora deja referenciados en su testamento, procede posteriormente a desheredar a sus hijos, Raimundo y Lázaro, de conformidad con la causa de desheredación relativa al maltrato de obra, contenida en el artículo 853.2 del Código Civil.

Desheredados dos de sus hijos, Raimundo y Lázaro, la testadora instituye como heredero universal a su otro hijo, Luis Pedro.

I.II.- Acción judicial de los desheredados y resolución de los órganos judiciales de instancia, apelación y casación.

En vista de la cláusula de desheredación anteriormente transcrita, los dos hermanos desheredados consideraron que dicha cláusula no era conforme a la ley.

Dicho lo anterior, presentaron demanda en la que solicitaron al juzgado de primera instancia de Bilbao que se declarase la nulidad de la cláusula de desheredación y, además, se incluya a los demandantes como herederos universales de la herencia de su madre, junto al tercer hermano inicialmente instituido.

Lo cierto es que, aprovechando el trámite de contestación de la demanda, el demandado hizo una demanda reconvencional para que se declarase la plena propiedad de la testadora sobre un bien inmueble, si bien carece de trascendencia en este trabajo y en el conjunto de la sentencia que analizamos.

Así, opuesto el demandado a la demanda en la que se ejerce la acción de nulidad de la cláusula de desheredación, termina el juzgado de primera instancia desestimando la misma.

El juzgado instancia consideró probado que había existido un maltrato psíquico por parte de los desheredados contra la testadora, que se prolongó a lo largo del tiempo y que se intensificó en los últimos años de vida de la misma. En consecuencia, el juzgado consideró que el maltrato de carácter psíquico es un tipo de maltrato que se absorbe y se integra en la expresión “maltrato de obra” que se contiene en el artículo 853.2 del Código Civil.

Sin embargo, los hermanos desheredados impugnaron la sentencia de instancia, a través del oportuno recurso de apelación, que terminó con sentencia de la Audiencia Provincial de Bilbao, en la que confirma la sentencia de instancia, manifestando, en lo que aquí interesa, que concurría el maltrato psicológico como justa causa de desheredación de los demandantes en el testamento de su madre.

Es decir, la Audiencia Provincial también consideró que el maltrato psicológico se subsume en el maltrato de obra del artículo 853.2 del Código Civil del que se sirvió la testadora para privar a dos de sus hijos de su condición de legitimarios.

Recaída la sentencia de la Audiencia Provincial de Bilbao, los hermanos desheredados presentaron, ante la Sala Primera del Tribunal Supremo, recurso por infracción procesal y recurso de casación.

En el presente trabajo vamos a prescindir del análisis del recurso por infracción procesal, por resultar del todo irrelevante con el objeto de este trabajo y por centrarse, como su propio nombre indica, en cuestiones puramente procesales. Por ello, nos centraremos en el recurso de casación, que es el que recae sobre el fondo del asunto.

El recurso de casación planteado por los recurrentes, se centra en la denuncia de la infracción del artículo 853.2 del Código Civil[5] y de la jurisprudencia que lo desarrolla.

En síntesis, los recurrentes defienden que la desheredación solo podría mantenerse por la vía de las injurias graves previstas en el anterior precepto, entendiendo que la otra causa alude a un maltrato de obra, que integra un maltrato de carácter físico que no resulta probado. Negando que un supuesto maltrato de carácter psíquico esté previsto como una causa de desheredación en la ley, defendiendo así una interpretación de la norma desde un punto de vista puramente literal.

Nuevamente, el Tribunal Supremo, al resolver la cuestión controvertida en la sentencia que analizamos, desestima el recurso de casación y acoge la doctrina jurisprudencial establecida hasta la fecha, en virtud de la cual, “el maltrato psicológico se configura como una injustificada actuación del heredero que determina un menoscabo o lesión de la salud mental del testador o testadora, de forma que debe considerarse comprendida en la expresión que encierra el maltrato de obra en el artículo 853.2 CC”.

En consecuencia, la Sala Primera del Tribunal Supremo, sobre la base de los últimos precedentes jurisprudenciales[6], reitera que el maltrato psíquico es un tipo de maltrato integrado en el maltrato de obra que, como causa válida de desheredación, se consagra en el artículo 853.2 CC.

II.- FUNDAMENTOS DE DERECHO.

Los fundamentos jurídicos de los que se sirve la Sala Primera del Tribunal Supremo, se encuentran fundamentalmente en el artículo 853.2 del Código Civil y las sentencias de la Sala Primera del Tribunal Supremo 258/2014, de 3 de junio y 59/2015, de 30 de enero.

Sin perjuicio de que analizaremos lo anterior, existen otras normas jurídicas que han servido a la Sala Primera del Tribunal Supremo para llegar a conformar la doctrina jurisprudencial culminada en la sentencia que comentamos en el presente trabajo.

Debemos partir de la base de que la tradición jurídica en nuestro país, siempre ha sido proclive a mantener una interpretación restrictiva de las normas sancionadoras.

En consecuencia, las normas que regulan la desheredación, siempre han sido objeto de interpretación restrictiva, en una clara defensa de la posición de los legitimarios. Sin embargo, no cabe duda de que los tiempos van cambiando y, con ellos, la sociedad y las relaciones familiares. Lo que debe conllevar una interpretación acorde de las normas jurídicas existentes, que son testigos de tales cambios[7].

En efecto, la interpretación excesivamente restrictiva de las causas de desheredación, que ha imperado en nuestro derecho hasta el año 2014, trajo consigo consecuencias muy concretas como que nuestros tribunales considerasen situaciones de abandono emocional de nuestros mayores como simples cuestiones de carácter moral o ético, pero exentas de trascendencia de tipo jurídico.

En este sentido, debemos traer a colación la sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo de 28 de junio de 1993[8], que viene a imponer la regla de la interpretación estrictamente restrictiva de las causas de desheredación, en una muestra concreta de la defensa de la institución legitimaria.

Sin embargo, sobre la base de la referida sentencia, llegó la sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo de 4 de noviembre de 1997, que siguió la línea anterior y descartó que el abandono de unos hijos a su padre, el abandono emocional, esté previsto expresamente como una causa de desheredación y, por tanto, no puede considerarse como tal.

En consecuencia, hasta finales del siglo XX, la postura jurisprudencial del Alto Tribunal optaba por la defensa, sin complejos, del sistema legitimario. Sometiendo las normas que regulan las causas de desheredación a una mera interpretación literal que no dejaba espacio a la modulación de las normas. Lo que da como resultado el lógico estancamiento del derecho con respecto a la evolución de la sociedad y la individualidad de la persona.

Sin embargo, la situación descrita hasta el momento, cambia radicalmente con la sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo 258/2014, de 3 de junio, seguida, posteriormente, por la 59/2015, de 30 de enero.

La primera de ellas (STS, Sala Primera 258/2014, de 3 de junio), plantea una novedad fundamental en materia de interpretación de las causas de desheredación y, además, se centra especialmente en el maltrato psíquico.

En dicha sentencia, la Sala Primera consideró que, efectivamente, las causas de desheredación son única y exclusivamente las previstas en la ley. Determinando que la numeración realizada por el Código Civil es un numerus clausus, sin que en este punto pueda realizarse ningún tipo de interpretación extensiva, flexible o analógica, que permita introducir en ese listado, otras causas de desheredación que no estén previstas de forma expresa.

En este punto, debemos recordar que el artículo 848 del Código Civil señala que la desheredación solo podrá hacerse por alguna de las causas previstas en la ley.

Sin embargo, la Sala Primera afirma en esta sentencia que, distinto de lo anterior, es la posibilidad de interpretar cada una de las causas de desheredación de una forma más flexible. Acomodando, en consecuencia, cada una de las causas previstas en la ley a las propias exigencias de la evolución de los tiempos y de la sociedad[9].

Lo anterior, le sirve a la Sala Primera para integrar el maltrato psicológico como una forma de maltrato de obra, ex artículo 853.2 del Código Civil, cuando dice que “esto es lo que ocurre con los malos tratos o injurias graves de palabra como causas justificadas de desheredación, (artículo 853.2 del Código Civil), que, de acuerdo con su naturaleza, deben ser objeto de una interpretación flexible conforme a la realidad social, al signo cultural y a los valores del momento en que se producen”.

De este modo, la Sala Primera justifica la integración del maltrato psicológico como una expresión del maltrato de obra cuando, en una interpretación normativa acorde a la realidad social, dice que “en la actualidad, el maltrato psicológico, como acción que determina un menoscabo o lesión de la salud mental de la víctima, debe considerarse comprendido en la expresión o dinamismo conceptual que encierra el maltrato de obra”.

Dicho lo anterior, la Sala Primera dispone en la mencionada sentencia que la inclusión del maltrato psicológico como una causa válida de desheredación, tiene su apoyo en la dignidad de la persona (artículo 10 de la Constitución Española) y su proyección en el derecho de familia y sucesorio, así como también en el criterio de conservación de los actos y negocios jurídicos, que reconoce ser un principio general del derecho[10].

El mismo criterio se siguió posteriormente por la sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo 59/2015, de 30 de enero[11] que, al igual que la anterior, reconoce el maltrato psicológico como un tipo de maltrato de obra que, ex artículo 853.2 del Código Civil, es causa válida para la desheredación, lo que conforma la doctrina jurisprudencial del Tribunal Supremo sobre la que se fundamenta la sentencia que comentamos.

En este punto y, aprovechando el cambio interpretativo que realizó la Sala Primera en el año 2014, conviene recordar que uno el artículo 3 del Código Civil, que integra las reglas de interpretación de las normas jurídicas, permite la interpretación conforme a criterios lógicos, finalistas o conforme a la realidad social.

Es obvio, que la realidad social ha ido cambiando de forma abrupta, sobre todo en las últimas décadas, por lo que la variación de la interpretación de las normas debe considerarse como algo positivo para el Derecho. Como una forma de adaptarlo a la realidad de los tiempos.

Visto todo lo anterior, la sentencia que analizamos y que se apoya, fundamentalmente en las dos sentencias anteriormente aludidas, afirma que “el maltrato psicológico se configura como una injustificada actuación del heredero que determina un menoscabo o lesión de la salud mental del testador o testadora, de forma que debe considerarse comprendida en la expresión que encierra el maltrato de obra en el artículo 853.2 del Código Civil”.

En consecuencia, por la vía jurisprudencial, puede considerarse integrado el maltrato psicológico como causa legal de desheredación del artículo 853.2 del Código Civil, siendo este un tipo de maltrato de obra.

III. PLANTEAMIENTO E IDENTIFICACIÓN DE LAS CUESTIONES PRINCIPALES QUE PLANTEA LA SENTENCIA.

Efectivamente, no cabe duda de que la cuestión principal que se plantea en la sentencia es la de determinar si, efectivamente, puede ser considerado el maltrato psicológico como una causa legal para desheredar.

Se trata, en definitiva, de un problema interpretativo de la norma jurídica contenida en el artículo 853.2 del Código Civil que, si bien no se refiere expresamente al maltrato psicológico, sí recoge el maltrato de obra.

Como hemos comprobado, el Tribunal Supremo parte de la necesidad de interpretar las normas jurídicas con criterios finalistas y conforme a los avances sociales con criterio sociológico, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 3 del Código Civil.

En este punto, recordemos que, como avanzamos anteriormente, el Tribunal Supremo dice que una cosa es la interpretación taxativa y rígida de las distintas causas que pueden dar lugar a la desheredación y que no pueden ser otras que las previstas legalmente. En cambio, otra cosa es que deban interpretarse cada una de ellas de forma flexible, conforme los tiempos que corren y la realidad social.

Es decir, interpretación rígida de los motivos tasados, versus interpretación flexible de cada uno de ellos, individualmente considerados.

Esta flexibilidad interpretativa de cada una de las causas que pueden dar lugar a la desheredación, la consideramos del todo acertada. Sobre todo, partiendo de la base de que la desheredación es una sanción de carácter privado[12], en contraposición a las sanciones públicas (ius puniendi del Estado) que, como es lógico, siempre han de ser acreedoras de la más estricta y restrictiva interpretación en pro de los derechos de todos los ciudadanos y conforme al principio de legalidad.

En efecto, la interpretación de las normas conforme a un criterio sociológico, ha tenido desde siempre el respaldo de la doctrina[13].

En el ámbito jurisprudencial, el artículo 3 del Código Civil, que contiene las reglas de la interpretación de las normas, entre las que se encuentra la interpretación conforme a la realidad social, también ha encontrado el amparo de la jurisprudencia de la Sala Primera, en sentencias como la de 13 de abril de 1984[14].

De conformidad con la interpretación de la norma con un criterio sociológico, la sentencia que comentamos, apoyada en los precedentes de suma importancia a los que nos hemos referido, culmina el debate diciendo que “el maltrato psicológico se configura como una injustificada actuación del heredero que determina un menoscabo o lesión de la salud mental del testador o testadora, de forma que debe considerarse comprendida en la expresión que encierra el maltrato de obra en el artículo 853.2 CC. En el presente caso, la sentencia recurrida considera acreditado que ambos hermanos incurrieron en una conducta de menosprecio y abandono familiar respecto de su madre, sin justificación alguna y sólo imputable a los mismos”.

IV.- COMENTARIO CRÍTICO.

No cabe duda de que el maltrato psicológico como causa legal para desheredar, ex artículo 853.2 del Código Civil, es una causa con un relevante carácter subjetivo. Es decir, que el comportamiento de los herederos solo será censurable desde el punto de vista jurídico, como causa para desheredar, cuando provoca una desestabilización psicológica en la persona del testador.

Esta desestabilización psicológica del testador puede revelarse en forma de zozobra, padecimiento personal, pesadumbre, tristeza, etc., provocada por tal actitud de quien va a ser desheredado.

Lo que está claro es que el maltrato psicológico debe representar un verdadero maltrato. Maltrato este sufrido por el propio testador.

De la misma manera que el maltrato psicológico está, hoy en día, configurado como una causa de desheredación de marcada creación jurisprudencial, también el carácter subjetivo de la misma viene establecido por parte de nuestros tribunales.

De este modo, en caso de que la conducta de la persona a la que se pretende desheredar por esta causa, no haya provocado tal sentimiento de maltrato en el testador, no podrá ser tenida en cuenta como tal y, en consecuencia, quedará privada de relevancia jurídica para quedarse en el plano de la ética y la moral.

Así lo dijo la Sala Primera del Tribunal Supremo, en la STS, Sala Primera 258/2014, de 3 de junio, cuando estableció que en los casos en los que nos encontremos ante un “pretendido abandono emocional”, libre, voluntario y espontáneamente ejercido por testador y sucesores, no estaríamos ante una conducta censurable desde el punto de vista de la institución de la desheredación y, en consecuencia, dicho “abandono emocional” no sería considerado como causa válida para la desheredación[15].

En consecuencia, la doctrina jurisprudencial que culmina con la sentencia que analizamos pero que tiene como precedentes fundamentales las SSTS, Sala Primera 258/2014, de 3 de junio y 59/2015, de 30 de enero, tiene un punto débil en materia de demostración o acreditación del maltrato psicológico como causa válida para desheredar.

Por tanto, esta acreditación plantea serios problemas prácticos en el momento en el que los desheredados puedan oponer la nulidad de la cláusula de desheredación basada en esta causa[16].

Los problemas prácticos con que nos podemos encontrar, no son otros que acreditar la realidad de la causa de desheredación del maltrato psicológico que, a además de su marcado carácter subjetivo, no es posible contar con el testimonio en persona del testador como prueba testifical en juicio.

En consecuencia, sin contar con el propio testimonio del testador, no es fácil distinguir entre lo que sea una ruptura voluntaria de vínculos afectivos (que, según el Tribunal Supremo, no puede ser causa de desheredación y se decanta por la protección del legitimario) y el maltrato psicológico (integrado en el artículo 853.2 CC).

En consecuencia, la labor interpretativa del maltrato psicológico y de su entidad como causa o no de desheredación, corresponderá, en última instancia al tribunal. Pero, sin embargo, hemos de reconocer que la labor del Notario autorizante y que asista al testador en la redacción de la cláusula de desheredación sobre la base del maltrato psicológico, puede ayudar mucho a dar luz sobre la validez de la misma.

De este modo, entendemos que, mientras no se realice una modificación legislativa del artículo 853.2 del Código Civil y se desarrolle el maltrato psicológico como causa de desheredación, el papel del Notario será fundamental en la validez de la cláusula, posteriormente, en sede judicial[17].

Dicho esto, estamos de acuerdo con el Notario CARRAU CARBONELL, cuando resalta el papel del Notario autorizante, pues es el único que escucha al testador, con toda la sinceridad, expresarse sobre lo que para él ha sido el maltrato psicológico sufrido y que, además es fedatario público.

Sería también una buena opción poder contar con la colaboración de peritos psicológicos para que elaborasen una batería de preguntas a formular por el Notario y poder, así, discernir entre lo que sería un verdadero maltrato psicológico que ha provocado diversos padecimientos al testador, de lo que sería una libre ruptura de vínculos afectivos y que, en el momento actual, no podría tenerse en cuenta como válida causa de desheredación.

Sin embargo, desde nuestro punto de vista, no debería hacerse distinción entre lo que sea un maltrato psicológico y una ruptura de vínculos voluntaria, a los efectos de poder privar a un legitimario de su derecho a la legítima. Toda vez que una ruptura de vínculos, aun voluntaria, es contraria a la propia naturaleza de la familia, sus vínculos afectivos y deberes de cuidados mutuos[18], lo que merece la censura total a los efectos sucesorios, si el testador decide desheredar por tales motivos.

En efecto, la sentencia que comentamos sí verifica un menoscabo en la salud mental del testador, lo que le lleva a afirmar tal causa de desheredación como válida a tal fin, ex artículo 853.2 del Código Civil.

En cambio, como decíamos anteriormente, la Sala Primera del Tribunal Supremo debería dar otro giro a esta cambio jurisprudencial iniciado en el año 2014, con la STS, Sala Primera 258/2014, de 3 de junio para empezar a amparar todas las cláusulas de desheredación que se basan en una ruptura de vínculos familiares prolongados, totalmente contraria a la propia naturaleza de la institución de la familia.

En consecuencia, abogamos por una menor protección de la institución legitimaria para reforzar más el principio de la autonomía de la voluntad, especialmente en situaciones como las analizadas. Y es que no es lógico que, quien nada sabe de su padre durante un prolongado lapso de tiempo, aun de forma voluntaria y sin causar daño psicológico en el último, encuentre una protección reforzada de su legítima.

Adrián Domingo Rodríguez.

27 de enero de 2021


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Adrián Domingo Rodríguez.

Abogado socio de AYA Consulting

Presidente de la Agrupación de Jóvenes Abogados de Zamora.


V.- BIBLIOGRAFÍA Y JURISPRUDENCIA.

ALGABA ROS, Silvia. Maltrato de obra y abandono emocional como causa de desheredación, en Revista para el análisis del Derecho InDret, Barcelona, 2015.

CASTÁN TOBEÑAS, José.

Derecho Civil español, Común y Foral, T. I, vol. 1, Madrid, 1978.

CARRAU CARBONELL, José María.

La desheredación por maltrato psicológico y su dificultad de aplicación práctica, en Revista de Derecho Civil, ISSN 2341-2216, vol. II, núm. 2, 2015.

Crespo Hergueta, Carlos. La desheredación y sus causas. Último criterio del TS. https://blog.sepin.es/2019/06/desheredacion-causas-tribunal-supremo/

GÓMEZ VALENZUELA, Manuel Ángel.

El internamiento de padres y ascendientes como causa de desheredación, en Revista Boliviana de Derecho, nº 30, julio 2020.

MARTÍNEZ DE AGUIRRE, Carlos.

El criterio de la realidad social en la interpretación de las normas jurídicas (comentario a la sentencia de 13 de abril de 1984), en Anuario de Derecho civil, Madrid, 1985.

O´CALLAGHAN MUÑOZ, Xavier.

Compendio de Derecho Civil, Tomo V, Derecho de Sucesiones. Editorial Universitaria Ramón Areces, 3º edición, Madrid, 2020.

STS, Sala Primera de 28 de junio de 1993.

STS, Sala Primera de 4 de noviembre de 1997.

STS, Sala Primera 827/2012, de 15 de enero

STS, Sala Primera 258/2014, de 3 de junio.

STS, Sala Primera 59/2015, de 30 de enero.


[1] Crespo Hergueta, Carlos.

La desheredación y sus causas. Último criterio del TS. https://blog.sepin.es/2019/06/desheredacion-causas-tribunal-supremo/. Consulta realizada el día 1 de diciembre de 2020. Cuando dice que “la desheredación es una figura testamentaria consistente en una sanción civil por la cual el testador, en los términos establecidos por la ley, puede privar a un heredero forzoso de su legítima […]. Para su validez, deben concurrir los siguientes presupuestos: realización mediante testamento, designación clara y expresa del legitimario sujeto de la desheredación y fundamento en alguna causa cierta y fijada por la ley, correspondiendo al heredero la carga de la prueba en caso de negarla”.

[2] Artículos 848 a 856 del Código Civil.

[3] STS, Sala Primera 258/2014, de 3 de junio. Esta sentencia representa el giro en la doctrina jurisprudencial de la Sala Primera del Tribunal Supremo en materia de interpretación de las causas de desheredación, en especial, en lo relativo al maltrato de obra del artículo 853.2 CC. A partir de esta sentencia, el Tribunal Supremo reconoce que, cada una de las causas que puede dar lugar a la desheredación y que vienen enumeradas en la ley, pueden ser objeto de interpretación flexible individualizada. Si bien, mantiene que se debe seguir siendo restrictivo en materia de las causas concretas que pueden dar lugar a la desheredación, en cuyo caso no podrán incluirse otras que no estén previstas en el Código Civil, ni excluirse las que expresamente se prevén.

[4] O´CALLAGHAN MUÑOZ, Xavier.

Compendio de Derecho Civil, Tomo V, Derecho de Sucesiones. Editorial Universitaria Ramón Areces, 3º edición, Madrid, 2020, p. 232. Cuando, analizando el carácter formal de la desheredación, dice que es una “disposición testamentaria por la que el causante priva al legitimario de su carácter de tal y de su porción legitimaria”.

[5] Artículo 853 del Código Civil: Serán también justas causas para desheredar a los hijos y descendientes, además de las señaladas en el artículo 756 con los números 2, 3, 5 y 6, las siguientes: 1º haber negado, sin motivo legítimo, los alimentos al padre o ascendiente que le deshereda. 2º Haberle maltratado de obra o injuriado gravemente de palabra.

[6] SSTS, Sala Primera, 258/2014, de 3 de junio y 59/2015, de 30 de enero.

[7] GÓMEZ VALENZUELA, Manuel Ángel.

El internamiento de padres y ascendientes como causa de desheredación, en Revista Boliviana de Derecho, nº 30, julio 2020, pág. 399, cuando dice que “cuando se reguló el sistema legitimario en nuestro Código Civil, con sus sucesivas reformas, su arquitectura obedecía a un modelo familiar muy concreto: sin embargo, las transformaciones en la configuración de la familia, el incremento de la esperanza de vida, la movilidad de los individuos y, sobre todo, el principio de la autonomía de la voluntad, son motivos esgrimidos por los partidarios de la evolución del sistema de legítimas a las circunstancias actuales, ora mediante reducción o revisión de las causas de desheredación, ora mediante su supresión”.

[8] Sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo de 28 de junio de 1993. En esta sentencia, las situaciones de abandono del testador se enmarcan dentro de la voluntad de las partes y, por tanto, dentro de un ámbito de carácter moral, que no tiene que tener consecuencia jurídica alguna. De ahí que el maltrato psíquico no fuese sancionado por la Sala Primera como una de las causas de desheredación.

[9] Sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo 258/2014, de 3 de junio, cuando dice, en su fundamento de derecho segundo, punto tercero, que “aunque las causas de desheredación sean únicamente las que expresamente señala la ley (artículo 484 del Código Civil) y ello suponga su enumeración taxativa, sin posibilidad de analogía, ni de interpretación extensiva; no obstante, esto no significa que la interpretación o valoración de la concreta causa, previamente admitida por la ley, deba ser expresada con un criterio rígido o sumamente restrictivo”.

[10] Sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo 827/2012, de 15 de enero.

[11] Sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo 59/2015, de 30 de enero, cuando dice que “en orden a la interpretación normativa del maltrato de obra como causa justificada de desheredación, en la línea de lo anteriormente expuesto, hay que señalar que, en la actualidad, el maltrato psicológico, como acción que determina un menoscabo o lesión de la salud mental de la víctima, debe considerarse comprendido en la expresión o dinamismo conceptual que encierra el maltrato de obra”.

[12] ALGABA ROS, Silvia.

Maltrato de obra y abandono emocional como causa de desheredación, en Revista para el análisis del Derecho InDret, Barcelona, 2015, p. 9, cuando dice que “coincidimos con la doctrina acogida en las referidas sentencias porque es trascendental tener presente que es una sanción privada y no pública, y ello determina un diferente tratamiento de la sanción de desheredación. El principio de legalidad viene acogido en el art. 25.1 de la CE donde se señala que nadie puede ser condenado o sancionado por acciones u omisiones que en el momento de producirse no constituyan delito, falta o infracción administrativa, según la legislación vigente en aquel momento. Es un principio que abarca las sanciones de naturaleza pública y se viene manteniendo según afirma RAMOS TAPIA (2010, pp. 126-127) que la interpretación extensiva es perfectamente lícita siempre que haya sido alcanzada con un método de interpretación aceptable… Lo que exige el principio de legalidad es que el juez efectúe la interpretación dentro del tenor literal del precepto… en el marco delimitado por el sentido literal posible del texto de la ley”.

[13] CASTÁN TOBEÑAS, José.

Derecho Civil español, Común y Foral, T. I, vol. 1, Madrid, 1978, p. 536.

[14] MARTÍNEZ DE AGUIRRE, Carlos.

El criterio de la realidad social en la interpretación de las normas jurídicas (comentario a la sentencia de 13 de abril de 1984), en Anuario de Derecho civil, Madrid, 1985, cuando dice que “en realidad, el criterio sociológico que contiene el precepto citado (3.1 CC) puede abarcar dos situaciones diferentes. En primer lugar, la aparición de nuevos supuestos de hecho no contemplados por la norma, y a los que se extiende su eficacia por vía de interpretación; a esta posibilidad se refiere expresamente la Exposición de Motivos del texto articulado de reforma del Título Preliminar del CC.En segundo lugar, la alteración en la consideración social de hechos ya contemplados por la norma, pero que ésta resuelve con criterios diferentes y aún contrarios a los socialmente vigentes. La aplicación del criterio sociológico que se pretende en el caso resuelto por la sentencia comentada, corresponde a la segunda de las posibilidades indicadas.

[15] Sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo 258/2014, de 3 de junio, cuando en su fundamento jurídico segundo, punto sexto, establece que “en el presente caso, y conforme a la prueba practicada, debe puntualizarse que, fuera de un pretendido -abandono emocional-, como expresión de la libre ruptura de un vínculo afectivo o sentimental, los hijos, aquí recurrentes, incurrieron en un maltrato psíquico y reiterado contra su padre del todo incompatible con los deberes elementales de respeto y consideración que se derivan de la relación jurídica de filiación, con una conducta de menosprecio y de abandono familiar que quedó evidenciada en los últimos siete años de vida del causante en donde, ya enfermo, quedó bajo el amparo de su hermana, sin que sus hijos se interesaran por él o tuvieran contacto alguno; situación que cambió, tras su muerte, a los solos ef ectos de demandar sus derechos hereditarios”.

[16] Artículo 850 del Código Civil: La prueba de ser cierta la causa de la desheredación corresponderá a los herederos del testador si el desheredado la negare.

[17] CARRAU CARBONELL, José María.

La desheredación por maltrato psicológico y su dificultad de aplicación práctica, en Revista de Derecho Civil, ISSN 2341-2216, vol. II, núm. 2, 2015, p.252. Cuando dice que “entendemos que, en el momento en que el Notario escucha al testador para redactar el testamento conforme a su voluntad, deber realizarse la labor de averiguación, para dilucidar cuál es la situación de éste. Deberá partir de la definición del maltrato psicológico que hace la propia sentencia como -acción que determina un menoscabo o lesión de la salud mental de la víctima-. Posiblemente dos criterios para poder saber si concurre esta justa causa de desheredación sean: en primer lugar, el tiempo durante el cual la relación familiar ha sido inexistente (no es lo mismo un distanciamiento puntual que una completa ausencia de la relación paterno filial); y en segundo lugar, el padecimiento que ello a infringido en el testador, el cual a pesar de ser un criterio subjetivo, es fácilmente identificable cuando el testador se explica abiertamente, y en confianza, al Notario para darle a conocer su voluntad. No olvidemos que la causa que aparece redactada en el Código Civil es el -maltrato de obra y por tanto, deberá identificarse un verdadero maltrato psicológico”.

[18] Artículo 143 del Código Civil y concordantes.

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