Je suis Valtonyc?

AD 20/2018

ABSTRACT:

Se abordan en el presente artículo los conceptos de libertad de expresión y opinión, puestos en comparación con diversas situaciones límite de nuestra realidad, donde puede observarse que la conducta excede los límites de la libertad de expresión para constituirse en un ataque con autonomía propia, por afectar a una minoría, a una orientación sexual, ideológica, a quien no puede defenderse o a quien desempeña su cargo.

PALABRAS CLAVE:

  • Libertad de expresión
  • Censura
  • Valtonyc

Y con esta, puede que sean ya cinco veces las que empiezo este artículo tras borrar todas sus anteriores versiones. Tema complejo el de la libertad de expresión, sus límites y sus sanciones. Me cuesta posicionarme, estar de acuerdo con una parte o con la otra; incluso, divina paradoja, una vez convencido, expresar mi parecer sin temor a lo que opinen otros.

Así, permítame querido y desconocido lector, que no trate de convencerle a usted, que le diga desde el principio, que sería capaz de defender su opinión con fiereza, aunque pudiera ser, no la compartamos y que únicamente expondré que entiendo por libertad de expresión y que situaciones, entiendo que no deben estar, al menos para mí, dentro de esta categoría.

De esta forma y como punto de partida, creo que es fácil compartir por todos la definición de la libertad de expresión contenida en la Declaración Universal de Derecho Humanos: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.” y, que a su vez, es más o menos aceptable que igual, hay algunos límites de carácter difuso que se han enunciado como “principio de ofensa” o “principio de daño”.

Sin embargo, apreciamos rápidamente que éste concepto de “ofensa” es abstracto, ambiguo, mutable y que consecuentemente nos traerá problemas interpretativos.

Vemos así, que el concepto de “ofensa” ha variado muchísimo a lo largo de la historia más o menos reciente, habiendo resultado en su momento ofensiva la mismísima Capilla Sixtina por la desnudez de los cuerpos, censurado el Tartufo por insinuar corrupción en la iglesia católica, perseguido Oscar Wilde por una presunta vida de homosexualidad e incluso, han tenido problemas libros que en su día dieron con sus palabras un mayor impulso a la causa abolicionista (La cabaña del tío Tom, huckleberry finn), recientemente han encontrado prohibiciones por contener la famosa palabra “n” que hoy parece tener más fuerza ofensiva que toda la fuerza social y abolicionista que todo el libro que la contiene.

La lista de ejemplos desgraciadamente sería inabarcable, pero creo que se entiende que lo ha resultado ofensivo y prohibido, no hace mucho, resulta que hoy lo hemos aceptado con normalidad e incluso como causas por las que luchar y normalizar, el antiguo material de “ofensa”, hoy lo es de igualitarismo.

Así, no me gustaría pensar que estamos ahora ante situaciones en las que nuestra libertad de expresión se ha visto cercenada o censurada, desde puntos de vista arcaicos o extremadamente conservadores, que no entienden la defensa de un movimiento social o de una minoría perjudicada y arrinconada sin derechos civiles.

Pues la libertad de expresión, es necesaria o incluso imprescindible, para empujar a los argumentos de sus límites lógicos, de lo que se tiene por acostumbrado a lo que en realidad debiera ser. Así, el límite tiene que estar más allá de lo políticamente correcto, de lo moralmente intachable.

Sin embargo, ¿dónde está este límite? Desde mi pequeña visión el mundo, encuentro casos donde creo que es fácil entender que no es una situación amparada por la libertad de expresión, sino que esas expresiones son de facto una ofensa y un daño altamente reprochables y sancionables.

Así por ejemplo, si lo que alguien decide “expresar” son desconsideraciones habituales a un menor, ligeras bromas pero repetidas hasta el hastío, con el objeto de conseguir chanza y marginación, una risa fácil y colectiva a costa de quien quizás no encaja, por su físico (unas gafas), carácter, o las más de las veces, por capricho del que decide “expresarse” contra él. No, me temo que eso no es expresarse, eso es insulto, burla, desprecio, crueldad y, coincidirán conmigo, bullying o delito de acoso.

De igual suerte resulta cuando esas prácticas, que recordemos, no son actos, que son “expresiones”, las dirigimos en sede familiar hacia una mujer por ejemplo, consiguiendo que se sienta menos de lo que es, un objeto, un trapo, alguien arrinconado y “cosificado”, tampoco considero libre a nadie para expresarse con trato degradante y humillante hacia su mujer o pareja (tampoco contra otros, entiéndase únicamente como ejemplo), pues eso son malos tratos habituales, violencia doméstica o de género y si, un delito.

Pero alejemos la “distancia” entre el que se “expresa” o dice expresarse dentro de su libertad y el blanco de sus expresiones, acerquémonos poco a poco al caso que nos ocupa.

Pensemos en quien ante un centro de refugiados pone y exhibe pancartas contra determinada raza, diciendo que no son deseables, que se vayan de aquí o quién realiza cánticos contra el colectivo homosexual o les grita por la calle una suerte de calificativos que en ese momento a un grupúsculo, les ha apetecido “expresar”. Lo siento, pero eso son ataques -censurables y perseguibles- por motivos raciales o contra la orientación sexual, eso, es una ofensa a un colectivo, no libertad de expresión.

Recuerdo así mismo, hace no mucho, en un campo de fútbol que un sector de la grada comenzó a entonar una serie de cánticos, más o menos pegadizos, no demasiado pegadizos, ya imaginan, cánticos de fútbol. Cuando de repente, lo que se oía, lo que resonaba en aquella esquina de la grada era lo siguiente:

  • Árbitro, hoy vas de negro, mañana tu familia. Esta noche, mira bajo el coche.

Creo, que sobran comentarios, aún con su rima facilona, no creo que sea libertad de expresión ni artística, sino violencia en el deporte, amenazas gratuitas tendentes a atemorizar a quien trata de desempeñar su cargo en una situación que al menos a la mitad, siempre dejará descontenta.

Visto así, creo que empezamos a perfilar aquellas situaciones que exceden la libertad de expresión para constituirse en un ataque con autonomía propia, por afectar a una minoría, a una orientación sexual, ideológica, a quien no puede defenderse, a quien desempeña su cargo etc.

Observo así mismo, que podemos encontrar lo que llamaría situaciones “límites de riesgo”, es decir, aquellas que se mueven entre lo permitido y lo prohibido. El caso de referencia, es muy cercano.  Una tuitera decidió compartir con todos una serie de “chistes”, que todos hemos oído en un tono o en otro. Así, fue denunciada, condenada y finalmente absuelta por nuestro Alto Tribunal al entender éste que la repetición que hizo en Twitter de chistes fáciles y de mal gusto sobre un atentado ocurrido hace ya 44 años, sin ningún comentario ultrajante hacia la víctima, “es reprochable social e incluso moralmente en cuanto mofa de una grave tragedia humana”, pero “no resulta proporcionada una sanción penal”.

Y finalmente, ¿qué ocurre con Valtonyc? Pues bien, a fin de formarme una opinión, he decidido, poner en comparación sus frases, las letras de sus canciones, su “arte”, con otras situaciones de las anteriormente mencionadas. A ver si resulta que nos estamos perdiendo un gran artista, adelantado al pensamiento de su tiempo, si es una situación límite o por el contrario, merecedor de reproche penal.

De esta “comparación” que he hecho como ejercicio personal (debo confesar que no conocía su “obra”), dejo reseñada la Sentencia del Tribunal Supremo 79/2018 que de manera pública aparece en la mayoría de nuestros periódicos digitales, pues no reproduciré aquí su repertorio ni la totalidad de lo que se ha considerado “ofensivo”.

Si bien, puedo destacar que las frases por las que se le ha juzgado, tienen a bien pedir o desear: una bomba, la muerte, arrancar arterias, que tengan miedo, uso de armas, un pistoletazo, secuestros, la tortura, atentados terroristas en coches, furgones, autobuses, instituciones, fusilamientos, que revienten las costillas, banderas en llamas, bombas de relojería, tiros en la nuca, ejecuciones públicas, guillotina y horca sin juicio, centros de concentración, molotovs, cámaras de gas, casas y comercios en llamas… y un largo sin fin de etcéteras.

Estas expresiones, ensoñaciones, canciones que deben tener “la violencia propia del lenguaje del rap” según los argumentos de su defensa en juicio, entiendo que no deberían ser un problema en tanto en cuanto hubieran sido absolutamente ideológicas y desconectadas, es decir, que no puedan atribuirse como amenaza a ningún sujeto pasivo. Reproduzco como ejemplo literalmente una frase suya: “Merece la muerte todo aquel que se aprovecha de pisados, pobres, de quienes más lo necesitan”.

Sin embargo, la retahíla de conceptos (violentos) que he sintetizado antes, han sido dirigidas con nombres y apellidos, con indicación expresa de que se profieren contra determinadas personas, con el objeto de “que tengan miedo” o que alguien los mate, torture etc.

Contra quien ostenta un cargo electo o, decíamos arriba con el árbitro, “de quien trata de desempeñar su cargo en una situación que al menos a la mitad, siempre dejará descontenta.”

Contra quien tiene una determinada orientación, política o ideológica en este caso, pero son ataques tendentes a producir miedo por razón de ideología, por afiliación. Con indicación, invitación o emplazamiento de que otros los provoquen daño.

Esto, para mi, y en comparación con las situaciones que antes he relatado, no es libertad de expresión. Libertad es decir que no me gustan, que no me representan, que cobran más de lo que hacen, que el sistema puede no funcionar, manifestarme si quiero, que la prensa opine de distintas maneras, que en una tribuna se lleve una camiseta o se hable de cal viva si se quiere. Pero desear la muerte de quien piensa distinto, amenazar con la muerte, con tu casa o tu comercio en llamas, la tortura, los atentados, el tiro en la nuca a quien no es como tú, con nombres y apellidos reitero, querer que vivan con miedo los que por razón de ideología, afiliación, afinidad política no opinan como tu, eso me temo no es libertad de expresión, sino quizás, todo lo contrario. Je ne suis pas.

 

Atte. Alberto F. Bonet del equipo de A definitivas

Palma, 5 de abril de 2018

6 comentarios en “Je suis Valtonyc?”

  1. Totalmente de acuerdo. Lo triste, es que por lo que estoy leyendo últimamente, todos los que no pensamos como ellos, o somos franquistas, o fachas o merecemos la muerte. Ojala algún día esta tontería acabe. Felicidades por tu articulo.

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