Canción de sal y agua

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El Capitán Orlando Allard, uno de los mejores pilotos que ha tenido el Canal de Panamá y representante de esta país ante la OMI, posó su fuerte y curtida mano sobre mi hombro en un gesto de amistad. Acto seguido, atravesamos el pasillo que nos hacía la mejor banda de gaitas del Principado a la vez que sonaban las primeras notas del Asturias Patria Querida. Y tan querida…

Recuerdo que mi pajarita roja me apretaba el cuello, el Hotel Ayre de Oviedo se vestía de gala para acoger la gran cena de clausura. Así ponía punto y final una semana de estrés, poco sueño y mucho aprendizaje. Era el final del XII Foro PBIP Sobre protección marítima.

El foro fue organizado conjuntamente por la Red PBIP México Internacional A.C. y la Fundación Phillipe Cousteau “Unión de los Océanos” organización a la cual presté apoyo como miembro del despacho maritimista al que dicha fundación encargó la gestión del Foro.

Un total de 150 expertos en seguridad marítima se reunieron en el Centro Jovellanos de Salvamento Marítimo, a caballo sobre un cerro entre Gijón y Oviedo. Pero antes de todo, ¿Que es el Código PBIP, sobre el que versa el Foro?

El Código internacional para la protección de los buques y de las instalaciones portuarias, PBIP, (también conocido como Código ISPS) es un código adoptado por la Organización Marítima Internacional (OMI), para establecer un marco global de cooperación para detectar amenazas y adoptar medidas preventivas en el ámbito marítimo.

En la reunión de la 22ª Asamblea de la OMI, celebrada en noviembre de 2001 y debido a los atentados del 11 de septiembre y sus consecuencias, se acordó por unanimidad que deberían elaborarse nuevas medidas legislativas relativas a la protección de los buques e instalaciones portuarias. Estas medidas fueron adoptadas en una Conferencia de los Gobiernos Contratantes (GGCC) del SOLAS (Código del que hablamos en el artículo anterior y que versa sobre la protección de la vida humana en la mar), en diciembre de 2002, con el nombre de Código Internacional para la Protección de los Buques y de las Instalaciones Portuarias. Entró en vigor en Julio de 2004.

Así pues, se trata de algo novedoso, es la primera vez que se regulan los pormenores de las relaciones que surgen en el marco de la interfaz Buque-Puerto, donde realmente se producen la inmensa mayoría de problemas.

Esta ley, en concreto, se centra en combatir las amenazas que pudieran afectar a los buques o a los puertos.

Debemos hacer hincapié en la infinita dicotomía entre protección y seguridad.
Entendemos seguridad como aquellas medidas que se toman para evitar daños provocados por accidentes de cualquier tipo, ya sean laborales como resultado por una fuerte tormenta.
Por otra parte, llamamos protección a las medidas que se emprenden para evitar los daños provocados por ataques contra estructuras o personas. Intencionadamente, claro. En otras palabras: sabotaje, ataques y terrorismo. Esta es la esencial de código PBIP.

El código en sí contiene disposiciones de diversa índole. Desde protocolos para detectar explosivos a controles de antecedentes. También legisla sobre las infraestructuras destinadas a la seguridad que deberá tener un puerto, tales como arcos magnéticos para pasaje y carga como escáners para contenedores. Así mismo, trata también cuestiones relativas a secuestros de buques para evitar que estos sean usados como arma, al igual que ocurrió con los aviones durante el 11S.

Durante el XII Foro PBIP que celebramos, se puso sobre la mesa la realidad de incluir en el tratado disposiciones relativas a la cibersguridad. Las amenazas a los sistemas informáticos de las navieras son reales. Con los debidos conocimientos, se podría paralizar el sistema de importación de alimentos de un país entero, si bien este supuesto sería especialmente grave para los puertos automatizados, la historia reciente nos invita a prevenirnos.

Por otro lado, la inminencia de los buques autónomos solo hace que añadir premura a esta cuestión. Alguien desde un ordenador podría hacer que un buque no tripulado se estampara contra un paseo marítimo o una infraestructura de refinado de petroleo o de almacenamiento de gases. Las consecuencias serían funestas, como poco.

Así pues, con estos temas dominando los debates que tuvieron lugar, pude contemplar que a mi alrededor los máximos responsables de la seguridad marítima mundial aprovechaban también el tiempo para hacer negocios. Es natural, esta clase de eventos agrupan a muchas personas con intereses comunes que, en los tiempos intermedios y durante las comidas, invierten su tiempo en entablar relaciones comerciales.

Me sumergí en ese vals de saludos y proyectos. Los papeles cambiaban de mano entre apretones y sonrisas de complicidad. También hubo enfados: tratos que no salieron bien, vendedores de humo, favores que se devolvían introduciendo a alguien a un tercero de su interés. Todo un baile empresarial de la más alta categoría. Amigos, enemigos, traidores, hermanos, jefes, ministros, expertos, eminencias, inversores, capitanes, marineros, militares, almirantes… Todos danzaban, haciendo negocio, haciendo comunidad, todos sin excepción bailaban al son de esa canción de Sal y Agua.

Conocí muchas personalidades y me hice amigo de algunos. Hay gente humilde y cercana en las altas esferas. Mrs. & Mr. Dixon, el Señor Reyes, Doña Roqueta, etc. Amistades sinceras a las que espero volver a ver muy pronto, ya sea en La Habana, en Londres, en Ciudad de México o en Panamá City. El mar nos une, todos navegamos a bordo del mismo buque.

Nicolau Vidal Cubi del equipo de Adefinitivas

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