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Oratoria jurídica, a cargo de Bernat Falcón.

ABSTRACT: Artículo sobre la relación de la oratoria con el campo del derecho, así como el análisis subjetivo de esta disciplina desde el punto de vista de un estudiante de abogacía que se ha dedicado 5 años al debate académico y jurídico. El artículo pretende acercar elc oncepto de la oratoria jurídica como disciplina a la gente, así como enumerar y desgranar sus elementos básicos para una mejor asimilación de lo expuesto.

 

Keywords: Oratoria, Jurídica, Derecho, Comunicación, Verbal, No Verbal, Expresión, Hablar, Público, Gestos, Abogado, Jurista, Juicios, Vistas, Palabra, Transmitir.

 

Oratoria Jurídica

Nunca sé cómo empezar ningún escrito. Me habré atascado en esta frase inicial unas 7 veces y ninguna me parece suficiente, así que voy a optar por uno de los mejores consejos que jamás me hayan dado en relación a la oratoria : “mantenlo sencillo”. 

Hay varias maneras de aproximarse a esta idea, yo prefiero pensar que una obra no está completa cuando le has dejado de añadir elementos, sino cuando le has quitado todos los que sobraban.

Entonces, siempre que elaboro una estrategia para debatir, empiezo por definir conceptos, qué es oratoria y qué relación guarda con el mundo de los juristas. 

Aunque algunos ya lo sepan lo explicaré, la oratoria es el simple (pero a mi parecer difícil) arte de hablar con elocuencia según la Real Academia Española, sin embargo a mis ojos, ésta definición echa en falta profundidad. 

La oratoria cobra más sentido como disciplina en el marco de la comunicación si la perfilamos como la habilidad de comunicar. Comunicar aquello que queremos expresar, ni más, ni menos. 

Existen entonces, un millar de variables a tener en cuenta, la mayoría las tenemos en cuenta de manera subconsciente, en el momento de querer comunicar una idea: ¿Exposición oral o escrita? ¿Público académico o sin formación? ¿El público me conoce?, etc. 

Por eso, si nos limitamos a aceptar la definición de la R.A.E, si simplemente hablamos de manera elegante, podemos encontrarnos con ser el hazmerreír de la comunidad académica si meramente soltamos latinajos sin sentido de manera elegante. 

Para resumir, el elemento esencial de la oratoria, al menos para mi, no es la elegancia, sino la comunicación, aunque no por ello voy a negar que la oratoria implica tener elegancia en cuanto tenemos que comunicar nuestros pensamientos o argumentos, en este sentido, todo suma. 

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Pasando al siguiente punto de mi pregunta inicial, la relación que guarda la oratoria con el mundo jurídico es algo evidente e incluso palpable. Cualquier estudiante de derecho ha oído más de un centenar de veces la expresión “lenguaje jurídico” que no es más que ese uso especial del lenguaje que hacen los académicos del derecho cuando se comunican entre sí. 

Entonces, expresarse dentro de la comunidad del derecho, seas académico o abogado, implica conocimientos de oratoria, y un mejor desempeño en este campo repercute directamente sobre la calidad de tu ejercicio profesional, sea para convencer a un juez, o para contribuir más efectivamente a la doctrina científica. 

Todas las profesiones beben en mayor o menor medida de la oratoria, es lo que se llama una disciplina transversal, lo abarca todo, todos los profesionales, sean quienes sean, ven repercutido su desempeño profesional de manera positiva si hacen un buen uso de la oratoria. 

Ahora que ya he expuesto lo esencial sobre la oratoria jurídica, hace falta desarrollar sus manifestaciones. Pues bien, las manifestaciones de la oratoria en el mundo jurídico y en cualquier otro son de 3 tipos:

Verbales, paraverbales y no-verbales. 

Las verbales son aquellas que, a mi juicio, cuando nos dirigimos a un público susceptible de ser catalogado como “masa”, tienen el menor peso. Dentro de este poco peso, aun así, sigue siendo importante qué palabras y configuraciones lingüísticas utilizar para dar a conocer nuestro mensaje. 

Las paraverbales tienen que ver con la manera de proyectar nuestro mensaje, el tono de voz, la vehemencia, el volumen en cada momento, los silencios… Me considero un “hincha” por así decirlo, de los silencios, sobretodo en la comunicación oral, nadie conoce la estructura de tu mensaje, tal vez lo hayas escrito, pero el público no, el público, dentro de lo que cabe, escucha, no ven los signos de puntuación, los silencios son, pues, la manera que tenemos de relajar o añadir tensión a nuestro discurso. Ejemplo: Si buscamos efectos opuestos en lo relativo a la expresión oral, contraste, no hay nada más opuesto a no decir nada. 

Las no-verbales para mí son las más interesantes, aunque de más difícil dominio y de discutible utilidad en un juicio. La propia expresión es bastante definitoria, son todas aquellas facetas de la oratoria que no tienen que ver con emitir sonidos con la boca, o su transcripción gráfica en su caso. La posición de las manos, los pies, la postura de una persona, una frente sudorosa, estar temblando, etc. Todo ello son filones a explotar para sacar el máximo partido a nuestras intervenciones. Eso sí, si lo que hacemos es enviar un correo o escribir un artículo, de poco importa la posición de mis manos, mis pies, si tiemblo o si llevo pantalones, siquiera. En el ámbito jurídico, no obstante, dominar estas habilidades no-verbales, se traduce en la presencia de una persona. Nuestro subconsciente tenderá a pensar que esa persona tiene más razón que la otra, de eso se trata con la comunicación no-verbal, de influir en el subconsciente de la gente. 

Estos tres grupos de habilidades son los que nos ayudan a resaltar de la mejor manera nuestro mensaje, que al final es de lo que se trata, no? De decir lo mejor posible aquello que queremos decir. Esto es, sin entrar al fondo de la cuestión, qué quiero decir? Pues imagino que si te planteas esta cuestión a escasos días de un juicio y eres abogado, quieres expresar de la mejor manera posible la argumentación jurídica que has preparado para proporcionar la mejor defensa posible a tu cliente, con la mayor de las diligencias profesionales y sería una pena que por un ataque de miedo escénico te quedases en blanco, o al juez de turno se le agotase la paciencia tras oírte titubear por cuarta vez en la misma palabra, o que estar sudando despierte su instinto de asco más básico y sincero hacia tu persona. 

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Dicho de paso, todo lo anteriormente mencionado tiene que enfocarse desde la principal y más importante norma de todo orador, conoce a tu público. Esta sencilla norma es la que va a condicionar todo el trabajo que hagas después. 

Una de las habilidades que más me gusta de la oratoria tras estos años de practicarla tanto en debates académicos, como en exposiciones, presentaciones, mesas redondas y sobremesas, es la habilidad de detectar falacias en el mismo instante en que se formulan. Dicho de otra manera, la causalidad de los axiomas, cualquier abogado que se precie debe saber inducir la causalidad de los hechos y su correspondiente repercusión jurídica, que no se aleja mucho de la estructura de los silogismos cartesianos, de dos premisas(o de las que sean, ya de paso) se deduce un enunciado que necesariamente debe ser así. La relevancia de según qué hechos, técnicas de interrogación de peritos o testigos, etc. Todo ello se nutre de la capacidad que tiene el letrado de identificar información y consecuencias válidas y relevantes para su postura. Asimismo igual de importante es identificar los “falsos silogismos” que esgrima la parte contraria, identificarlos y desmontarlos en consecuencia(todo ello con elegancia, que se trata de un juicio). 

Dicho todo esto, no recomiendo usar estas técnicas en una discusión entre familiares, lo máximo a lo que aspiro en una discusión de este tipo es a que me griten, y tener la razón a costa de que una persona cercana a mi se transforme en una suerte de basilisco, a mi no me compensa. 

Para acabar y por establecer un paralelismo con el mundo de los juicios, me gusta siempre acabar mis discursos con una especie de alegato en el que resumo el contenido más importante de toda la narración y le refresco al público tanto por qué me están escuchando, cómo por qué tengo razón. La estructura que sigo para cualquier documento es básica y sencilla, introducción, nudo y desenlace. La introducción resulta importante, por ser la primera impresión que se lleva el público, y la conclusión es de lo que más se acordará todo el mundo por qué es lo último que te oyen decir, en medio se encuentra olvidado, efectivamente todo el contenido de la narración, así que aprovechad ésos últimos minutos de gloria para refrescar qué os da la razón. 

Resumiendo, la oratoria es una competencia multidisciplinar y transversal a toda profesión, íntimamente ligada con el mundo jurídico. Es el arte de comunicar aquello que se quiere expresar con la mayor efectividad posible. La integran 3 materializaciones, elementos verbales, paraverbales y no-verbales. Conocer al público es vital para estructurar todo el trabajo que se vaya hacer, cuyo esqueleto se compone de introducción, nudo y desenlace, siendo el nudo el más obviado por la mayoría de públicos. Para demostrar tener la razón, el uso de silogismos es crucial, así como identificar los falsos silogismos de nuestro oponente, siempre con profesionalidad y elegancia(ganar con elegancia es ganar dos veces). 

Y como acabo como empiezo y empiezo como acabo, no sé cómo terminar este artículo, así que, como me gusta el cine, voy a citar “American History X” y aprovechar para poner una cita que me haga gracia y alomejor guarde alguna relación con lo que he escrito. Ahora que lo pienso, todos nos sabemos alguna cita del cine que ha pasado a la historia, cosas de la oratoria, supongo. Sin más dilación: “La palabra exacta puede ser efectiva pero no existe ninguna palabra tan efectiva como la acertada pausa.”–Mark Twain- 

Bernat Falcón Nadal. 

26 de septiembre de 2019


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Bernat Falcón Nadal
Graduado en derecho por la UIB
Ganador en 4 ocasiones de la liga de debate universitario «Xarxa Vives» en la UIB.

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